Sobre la vida y la muerte de algunos asistentes a la exposición La tecnología nos #aliena.

jueves, 17 de septiembre de 2015 |

Un artista contemporáneo inaugura una exposición que tiene el siguiente título: La tecnología nos #aliena. La exposición del artista contemporáneo consiste en una serie de impresiones de grandes dimensiones de fotografías donde se ve una serie de SMS que el artista contemporáneo se envía a sí mismo, preguntándose cosas como “qué comemos hoy” o “tq mucho, llego en un rato” (sic).
Va mucha gente a la inauguración. Un niño llora frente a una de las obras, pero luego queda claro que la razón de su llanto no es el SMS que lee (“comprar orégano, no tnms mas”) sino simple cansancio. El niño está cansado y llora. Es pequeño y parece ser bastante caprichoso y acostumbrado a que le digan que sí a todo. El artista se decepciona levemente, porque por un momento pensó que el niño había captado la esencia de su obra. No fue así. Ninguno de los asistentes captará la esencia de la obra. Un anciano toma una fotografía de una de las piezas y se la envía por WhatsApp a su hijo, que vive en Connecticut. Un guardia de seguridad del museo se acerca y toca amablemente el antebrazo del anciano. Sin mediar palabra, le señala un cartel que indica que está prohibido tomar fotografías. El cartel tiene una cámara tachada. Alguien podría interpretar el cartel de manera literal, si tuviera una inteligencia limitada o dañada. Podría interpretar el cartel como “se tachan cámaras”, o como “se fotografían líneas rojas en diagonal”. El hijo del anciano, el que vive en Connecticut, recibe la foto al día siguiente, porque en ese momento duerme y ha puesto el teléfono en modo avión. Recibe la foto mientras desayuna cereales con leche imperceptiblemente pasada, es decir que la leche es saludable pero técnicamente ha pasado ya su fecha de caducidad. La obra no le gusta, y el hijo no quiere mucho a su padre, lo cual influye en la opinión sobre la obra del artista. Las razones de este desamor son inciertas. El guardia de seguridad regresa a su rincón contento de haber hecho bien su trabajo. Tiene várices en la pierna derecha porque pasa muchísimo tiempo de pie. La razón de esto no es incierta: es la normativa del museo, que no permite a los guardias de seguridad tomar asiento ni contar con un taburete o un banquito o una protuberancia en la pared para apoyar las nalgas y aliviar el peso en las piernas. Ni siquiera está permitido apoyarse en ningún lado. Las várices no duelen, pero estéticamente son desagradables, son feas de mirar. Los fines de semana, el guardia de seguridad disfruta de ir a la playa y broncearse, es casi lo único que de verdad disfruta, pero ahora que tiene varices está acomplejado, inseguro, se pasa horas frente al espejo odiando el mapa azulado de sus piernas, y hace casi un mes que no va a la playa. Su piel de a poco pierde ese tono dorado que tanto le costó conseguir. El hijo del anciano tiene hongos en el pie derecho, porque ese pie transpira más que el izquierdo, tiene una sintomatología rara, una relación inusual entre la sudoración y el estrés, una relación inusual pero innegable, innegable en el sentido de que está ahí, ocurre, el estrés del hijo hace que uno de sus pies transpire más de lo normal. El niño finalmente se queda dormido en un banco, ha llorado hasta dormirse. El guardia de seguridad lo sacude amablemente. Sin mediar palabra, le señala un cartel que indica que no está permitido dormir. Lo expresa a través de un dibujo de una cabeza de perfil, horizontal, y tres Z sucesivamente más grandes surgiendo de su boca. Todo eso tachado por una línea en diagonal. Alguien con la inteligencia dañada podría interpretar eso como “aquí se respiran zetas” o “lo que estaba fotografiando la cámara no era una línea en diagonal, sino lo que estaba detrás, que es el hombre que exhala zetas”. La novia del artista no ha venido a la inauguración. El artista, que tiene mucha imaginación y además es muy inseguro y tiene muchísimos celos, se imagina a su novia en la cama con otro hombre. En realidad la novia ha tenido su primer ataque de narcolepsia, el primero de muchos que tendrá durante el resto de su vida, y está dormida sobre la alfombra de la casa que comparte con el artista. Duerme insonoramente, pero un hilito de saliva le brota de la comisura de los labios, cae sobre la alfombra e inflama las hebras imperceptiblemente, o sea algunas hebras del material que compone la alfombra se han hinchado tras la absorción de la saliva de la novia fiel pero narcoléptica del artista. El niño, aún somnoliento, busca a su padre, pero no lo encuentra. Tiene mucho sueño. El doctor le ha dicho al guardia de seguridad que debe considerar seriamente cambiar de trabajo y pasarse a un protector solar de factor 30 o superior. El artista ahora charla con una estudiante de arte y le propone que vaya a visitarlo a su estudio un día para que puedan discutir el paradigma artístico de ella y-por-qué-no conocerse un poco mejor, pero la estudiante se da cuenta de las intenciones coitales del artista y aunque le dice que sí, que irá, sabe secretamente que no lo hará, porque ella tiene muy clara la línea que divide el amor de la admiración de la atracción y en este caso ella admira la obra del artista pero no quiere ni ama al artista y tampoco se siente atraída por él, ella quiere basar su carrera en su obra y está dispuesta a establecer lazos laborales que le permitan por ejemplo preparar una exposición o participar en alguna subasta pero no quiere convertirse en alguien que ha conseguido su éxito a través del sexo, de ninguna manera. El anciano nota que el guardia de seguridad está distraído y consigue tomar otra fotografía. Se siente rebelde y sus ojos brillan. Por un nanosegundo, por una fracción imperceptible de tiempo el anciano viaja de manera espiritual a sus años de adolescencia. El anciano morirá treinta y siete segundos después de que su hijo por fin reciba la foto, al día siguiente. Morirá de un ACV, que es algo que puede pasarle a cualquiera en cualquier momento. Podría pasarle a usted ahora. El guardia de seguridad eventualmente se operará las várices, pero tendrá las piernas vendadas durante varias semanas más, y para cuando se las saquen el verano ya habrá acabado, con lo cual no será necesario ni cambiar de trabajo ni comprar otro protector solar. El niño se hace pis en el viaje de vuelta a casa, en el asiento trasero del Ford de sus padres. El pis del niño huele sumamente a pis de adulto, huele muy fuerte. Eso es porque el niño envejece a una velocidad superior a lo normal. No mucho, nada como para que te investigue la NASA y te secuestre el FBI y te pases el resto de tu vida en una jaula de cristal con cámaras y gente que te observa y toma notas, pero por ejemplo a los 30 años el niño tendrá todo el pelo blanco y algunas manchas en la piel que a otra gente no le salen hasta los 50/60 años, y a los 30 años tendrá crisis espirituales más propias de los 50/60 años, a los 30 años el niño se verá invadido por ánimos crepusculares, purpúreos, de despedida, de tarde-noche, de en-nada-se-acaba... Pero ahora mismo este envejecimiento acelerado se nota solamente en el olor adulto de su pis y poco más. Quizás si su madre le observara las manos con atención notaría cierta protuberancia en las venas y unos nudillos filosos y arrugaditos, y quizás si su madre le observara los ojos con atención notaría en su mirada una cierta sabiduría improbable, una vejez desfasada. Pero es difícil que lo haga porque tendría que sentir ciertas emociones maternales y afectivas que la madre no siente. De hecho, la incontinencia del niño no tiene nada que ver con su envejecimiento prematuro. Tiene raíces psicológicas. Es un llamado de atención dirigido a su madre. El niño tiene 7 años. Mientras el niño vacía su vejiga, sus padres comentan la exposición. A él le ha parecido espectacular la manera minimalista, sencilla y directa de captar el zeitgeist de nuestra generación. A ella le ha parecido pretenciosa no solo la exposición sino la observación que su marido acaba de hacer. Agrega que la generación que el artista intenta captar —suponiendo que ese sea el caso, y la mujer lo duda— en todo caso no es la generación “nuestra” (la de ellos dos), sino por lo menos la siguiente, o incluso la otra [es decir la que viene después de la que viene después de ellos, o lo que es lo mismo, la que viene después de la generación que ocupa el niño dormido y meado en el asiento trasero]. Y agrega, la mujer, que no hacía falta decir zeitgeist. El guardia de seguridad pasa todo el otoño trabajando en el museo y en sus días libres visita un salón de bronceado. El artista vende varias obras por bastante dinero. No siente culpa. Tampoco lo hace por el dinero. Planea su próxima obra, y convence a un estudiante de que lo visite el domingo siguiente en su estudio para que puedan conversar sobre la obra de Jeff Koons y paradigmas y enfoques y cosas. El artista es bisexual. El estudiante es gay y no enfrenta la vida desde un punto de vista similar al de la estudiante, sino que tiene más bien ganas de acostarse con el artista que admira y piensa que hasta quizás exista la posibilidad de que el sueño postcoital del artista le permita al estudiante curiosear su estudio y tal vez, por qué no, robar alguna pieza que luego pueda vender por Ebay o esperar a que el artista muera y subastar por Sotheby’s. Ambos están al tanto de los planes copulatorios y esperan con ansias el domingo. El artista, sin embargo, sigue preocupado por la posibilidad de que su mujer esté ahora mismo desnuda y excitada en los brazos de otro hombre No sospecha de nadie en concreto, pero su cabeza se ve invadida por imágenes de una silueta masculina sobre su mujer moviendo las caderas en un claro vaivén sexual, en un claro in and out de penetración fornicatoria. Se descubre que el salón de bronceado trabaja con máquinas que no están aprobadas por los estándares internacionales de calidad y de seguridad, por los ISOs correspondientes, y no supera los controles de calidad subsiguientes por las fugas de radiación nociva. El guardia de seguridad desarrolla un cáncer de piel severo pero no mortal. Se somete a varios tratamientos de transplantes, injertos y relocalización del tejido, transplantes que en un par de décadas serán carísimos pero que a los que el guardia accede de manera gratuita en su calidad de conejillo de indias. Los doctores usan tecnologías experimentales y de ultimísima generación, rayos RXZ, vibraciones espasmoeléctricas, rayos gamma, neoradiología y materiales de todo tipo, entre ellos: piel sintética, piel de hamster, encía de ballena, paladar de aborto y mucha, muchísima baba de caracol. El guardia sobrevive, pero no puede tomar sol nunca más, y su cuerpo desnudo ahora es un collage de infinitos matices y texturas, y pasar la mano sobre el cuerpo del guardia es como acariciar un Muestrario de la Vida. Eventualmente el guardia se deprime mucho —la razón de esto no es solamente que le encanta tomar sol (casi lo único que le gustaba en su vida era tomar sol y ya no puede) sino también la falta de vitamina D (por no exponerse nunca al sol), de cuya carencia una de las consecuencias es una modificación súbita de los estados de ánimo y una tendencia a la depresión, y esto no deja de ser muy irónico, le dirá a su grabadora el doctor que practique la autopsia del guardia de seguridad cuando finalmente el guardia de seguridad no aguante más y salte a las vías del tren y se vaya de este mundo. La sudoración del pie derecho del hijo del anciano, que tiene una conexión rara con el estrés, no se explica nunca. De hecho nunca la nota nadie, ni siquiera él. El hijo del anciano muere muchísimos años después, y durante toda su vida nunca hay ni un solo intervalo de no-tener hongos en ese pie, lo cual significa que durante toda su vida el hijo del anciano ha usado la cantidad total de 4.762 botellas de desodorante de pie y 3.211 frascos de talco antitranspirante y todo eso no ha bastado para que siempre, en todas las situaciones en las que el hijo del anciano tiene que interactuar socialmente descalzo, siempre que tiene que descalzarse en público salga como una especie de fanasma hecho de olor que no es visible pero que es instantáneamente olible por todos los que están en la misma habitación, y eso es evidentemente un trauma. Pero ni la relación, ni el estrés, ni el trauma se explican. Por lo demás, la vida de este señor es normal y el hijo del anciano muere relativamente contento y sintiendo dolores más que tolerables de un cáncer poco agresivo pero aún así terminal, y el hijo del anciano muere sin la ayuda de calmantes de ningún tipo, aunque fuma un poco de marihuana de vez en cuando para poder dormir mejor y en la fase final se mete unos tranquilizantes que le trae de contrabando su hijo -esto es, el nieto del anciano. El niño muere a los 59 años, pero aparenta 78. Sus padres, por algún acuerdo extraño del universo que a veces compensa las cosas de esa manera, viven hasta los 109 años y mueren el mismo día y con una diferencia de 34 minutos. Mueren después de una tos rara que los mata. La tos no es síntoma, es causa. Mueren de toser tanto que se les colapsa el sistema pulmonar. La tecnología nos #aliena se expone durante 22 días y luego sale de gira por Europa. El artista consigue un éxito relativo de crítica, con algunas muy duras y otras ligeramente favorables, y sin embargo vende todas sus obras por precios bastante altos y puede vivir muy lujosamente. Por ejemplo, tiene muchísimas tortugas en su casa de verano en Beverly Hills, muchas de las cuales son especies en riesgo de extinción que sólo pueden adquirirse en el mercado negro de tortugas. Ese domingo, el siguiente al de la exposición, el artista se acuesta con el estudiante, pero ninguno de los dos llega al orgasmo y los dos lo fingen y los dos saben que el otro lo finge. En esos días, entre la exposición y el adúltero domingo, la mujer del artista ha tenido ya otros tres ataques narcolépticos, lo cual, muy  irónicamente (como le dirá a su grabadora el doctor que hace la autopsia de la pareja, cuatro años después) desencadena un insomnio crónico en el artista. El estudiante no alcanza el orgasmo porque la noche anterior ha tenido una larguísima sesión de anfetaminas y sexo, y está extenuado. Sin embargo, saca provecho de esa cita al robarle una pequeña escultura de un teclado con ojos en lugar de teclas que se llama Arroba@puntocom.com y venderla en Ebay años después. El estudiante muere a los 67 años en un accidente automovilístico que no lo incluye. O sea chocan dos taxis y de uno de los taxis salta una astilla del espejo retrovisor y le atraviesa la garganta al estudiante, que esperaba pacientemente el semáforo. El artista insomne y su mujer narcoléptica mueren también en un accidente automovilístico, cuatro años después, porque su mujer se queda dormida y cae sobre los brazos débiles de su marido. La razón de la debilidad de los brazos del marido es el insomnio y también un síndrome extraño que hace que los brazos no desarrollen masa muscular y a veces fallen. Los brazos débiles pierden el control del Chevrolet y se caen a un precipicio y mueren, los brazos, con el resto de toda la pareja (los brazos y los ojos y las piernas y todo el tejido y todo lo que era la mujer del artista (que no se despierta durante el accidente y conecta directamente, sans interrupción, el sueño con la muerte) y también los hombros y la panza y las rodillas del artista y todo él. No mueren por el impacto, mueren dos minutos después, cuando ocurre la explosión. En esos dos minutos, el artista consigue escupir varios dientes y una pequeña cantidad de sangre y logra finalmente decir sus últimas palabras: «¿Me engañaste alguna vez?». Su mujer escupe a su vez dos incisivos y otra cantidad de sangre y le dice, desde un sueño en el que está conversando con una cabra periodista que está haciendo un profile sobre su carrera en termodinámica, y la cabra le pregunta «¿se imaginó alguna vez descubrir ocho leyes más de termodinámica?» y ella le contesta a la cabra que no,  que nunca, le dice que jamás, y que cómo puede ni siquiera preguntar eso, de repente en el sueño ella está muy enojada con la cabra y le dice que cómo se le ocurre siquiera plantear la posibilidad de que alguien espere conscientemente descubrir ocho leyes nuevas de termodinámica, y se lo plantea en forma de pregunta: «¡cómo puedes siquiera preguntarme eso!», y todo esto la mujer lo verbaliza claramente en la vigilia, y es la respuesta que escucha el marido, el artista, y en el sueño ella se calma y le dice a la cabra «¿Y tú?» y el artista (aliviado porque su mujer le ha dicho que nunca lo ha engañado aunque en realidad sí lo ha hecho, un día, con un golfista) verdaderamente intenta responder con la verdad, pero no puede hablar porque tiene toda la traquea y la boca llenas de sangre y un momento después ocurre la explosión y los dos mueren. La estudiante que detectó, hace muchos años, en la exposición, las intenciones coitales del artista y fingió aceptar la invitación sabiendo que en realidad no iría nunca, esa estudiante fue el cuerpo, fue la carne, fue el receptáculo de la SEGUNDA VENIDA DE CRISTO, que tuvo lugar exactamente 81 años después (es decir, cuando la estudiante ya tenía exactamente 100 años). Un domingo por la tarde la estudiante estaba tejiendo una bufanda para su bisnieto que estaba por nacer pero que ya sabían el sexo y sería un thrulon —en el 2072 apareció un nuevo sexo/género y además del hombre y la mujer existen los thrulons, que son algo así como hermafroditas bisexuales de tez rosada e infértiles— y si finalmente hubiese llegado a nacer se habría llamado Albert⁂ (todos los thrulons están obligados por ley a tener el símbolo⁂del asterismo al final del nombre, y esta no es, desde luego, la única ni más ofensiva de las desigualdades y discriminaciones de la que son objeto, pero sí quizás la más inesperada y la más gratuita) y la estudiante estaba tejiendo la bufanda para su bisnieto el nonato Albert⁂ cuando de repente el Espíritu Santo le habló y le dijo que ella había sido elegida como receptáculo atemporal para la segunda venida de Cristo. Acto seguido Cristo entró en su cuerpo y empezó a hacer milagros, y la conciencia de la estudiante fue degradada a la posición de acompañante en el cuerpo de la segunda venida de Cristo (que se llamó Áxel, no Jesús) y desde esa posición de acompañante la estudiante pudo ver los distintos milagros de Áxel —multiplicación de los panes, liberación de los presos, sanaciones varias, levitación— y también aprender que la invitación sensual del artista en la exposición había sido una prueba para ver si ella estaba a la altura moral y espiritual de lo que se exige para ser el receptáculo de la segunda venida de Cristo, llamado Áxel. Un tiempo después se acabó la vida humana en la Tierra. De hecho se acabó la Tierra. El planeta se plegó sobre sí mismo como un origami raro y precioso y desapareció, con las esperadas y terribles consecuencias para el sistema solar cuando toda una fuerza gravitatoria y electromagnética desaparece del esquema, y todos fueron a un no-lugar-no-tiempo de paz eterna aunque no carente de cierta sensación de aburrimiento crónico y existencialismo moderado y un je ne sais quoi de insatisfacción omnipresente.



1 Comentarios:

Jorge Guitar dijo...

Tienes mucho sin escribir, aun existimos grandes admiradores de tu trabajo. Un abrazo

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