Un lugar donde quedarse.

viernes, 14 de marzo de 2014 |

Eyaculo.
Estás a mi lado y de golpe tu pelo no me gusta tanto y tus ojos son ojos de lo más normales, con pupilas normales y córnea supranormal y la parte blanca de los ojos no es ni tan blanca ni tan hermosa como me había parecido, y tus pestañas son comunes y no me sorprenden para nada y las pecas de tu nariz son absolutamente ordinarias y en general te percibo como una masa de carne y pelo y fluidos y sudor que no quiero en mi cama. El sentimiento no es mutuo. Me abrazas. Me dices cosas al oído que no proceso porque no hablo el idioma de Las Masas de Carne, Pelo y Fluidos. Mi cerebro recibe sonidos inconexos y sin sentido. Las fronteras de un hueco en tu cabeza se mueven de manera extraña. Brota un aliento cálido y agitado. Con algo parecido a un brazo te llevas algo a una válvula en tu cabeza y exhalas humo. Te acaricias una leve hinchazon abdominal y barres el semen y luego lo limpias con un poco de papel higiénico. Todas tus articulaciones son extrañas. Tus válvulas expulsan humo de nuevo, y unos trozos de piel finísima cubren tus globos oculares a intervalos más o menos regulares. El pelaje que puebla tu cabeza es suave y delicado y se mueve con el viento que entra por la ventana. Con extremidades articuladas manipulas la sábana y te tapas. Un agujero en tu cara, que coincide con la válvula que expulsa el humo, vuelve a emitir sonidos regulares que me recuerdan vagamente a cómo nos reímos los humanos. Yo empiezo a sentir un poco de esa relajación cargada de sueño poscoital, pero estás ahí, a mí lado, riendo la risa de tu especie, la risa de las Masas De Carne, cubriendo tu cuerpo con mi sábana, emitiendo sonidos y expulsando humo y estirándote por encima mío con una de tus extremidades superiores para acercarte un cenicero y depositar las cenizas de tu casi extinto cigarrillo. De repente, desde lejos llega una comprensión. Me llegan retazos de significado. De tu agujero facial lleno de dientes salen sonidos que a duras penas interpreto como una invitación a ducharnos. Acepto. 

De a poco vuelves a ser humana. Tu pelaje se convierte en algo que huele bien y me atrae. Tu cuerpo húmedo bajo la ducha me empieza a llamar de nuevo, y ya entiendo completamente lo que me dices. Me cuentas cosas de tu vida. Incluso me interesan. Me interesan mucho. Eres genial. Eres absolutamente increíble. Eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo. Tengo una erección. Te enjabono la espalda, y cuando te vuelves del revés me besas y me masturbas. Te toco. Eres de mi especie, y eres hermosa, y te deseo tanto. Tanto. Te beso toda. La ducha se alarga y asumimos diversas posturas con nuestras bocas en distintos lugares. Salimos de la ducha sin secarnos y te tiro sobre mi cama y no me importa que mojemos todo. Te hago mía. Me entrego. Eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo. ¿Te amo? Te penetro en diversas posiciones. 
Eyaculo al cabo de un rato.

Y ahora sí que además de extrañarme me das miedo. Eres un ser desproporcionado. Gigantesco y pequeño. Tus pelos me pinchan y tus dientes no están alineados. Abundas en asimetrías. Tu piel no es ni suave ni tersa y tiene puntos negros, irregularidades. ¡Hay manchas! Vuelve a salir humo bifurcado en una V invertida. Sale a través de dos válvulas más pequeñas en tu cabeza. Tengo muchísimo miedo. No te quiero en mi cama ni en mi casa ni en mi vida. No hay nada ni remotamente parecido a sentido en ninguno de los sonidos que emites, y además tu voz suena como un constante abrir y cerrar del cajón de los cubiertos. Tienes extremidades articuladas que te permiten correr hacia mí y abrazarme y tu válvula de expulsar humo me succiona una mejilla varias veces por segundo, y luego la frente, mientras tu pelaje cae sobre mi rostro y lo humedece, y luego tu válvula se posa sobre mi boca y surge un tentáculo interior rosado y húmedo que roza mi lengua. De alguna manera eso te vuelve humana por un momento. Hay como un relámpago de orden y llego a entender palabras sueltas. Siento un deseo fugaz, pero al separarnos veo tu monstruosidad y no puedo evitar empujarte lejos de mí. Tu válvula grita y tu extremidad articulada me tira algo que quema. Es un cigarrillo. Lo violento y súbito del gesto te devuelven algo de tu humanidad, hay un desafío que funciona como un filtro que te ordena las partes. Me río y te atraigo a mí y te acaricio los senos y te beso el cuello y te toco los muslos y la entrepierna húmeda y te deseo tanto, sin duda eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo, y tu boca tiene un sabor agrio por el tabaco y te separas del beso y me besas el pecho y te muevo con brusquedad y te penetro de nuevo. Te ríes y estoy muy pero muy enamorado y quiero que no te vayas nunca y te hago el amor y me encanta pero después eyaculo y te desvaneces y en tu lugar hay un ser informe que se agita y se contorsiona y está cubierto de una película de humedad que huele intensamente a algo erróneo. Huele a desviación y a monstruosidad. El cajón de los cubiertos ahora se abre y cierra sin parar. No quiero absolutamente nada con un ser así. Nada. Dos extremidades superiores se acercan y me rozan el pecho y el pelo, y la válvula succiona mi mejilla y emite un sonido breve e incomprensible. El monstruo reposa y su respiración parece regularizarse. La finísima piel cubre sus globos oculares sin volver a replegarse y su válvula mayor se cierra de forma aparentemente definitiva. De dos pequeños orificios de la cabeza sale y entra aire. Pero no es una nariz. ¿O sí? Hay algo de familiar en el orden de los miembros, en las piezas de la cabeza. En el color de la piel. El pelaje es parecido al cabello. Hay piernas. La válvula comienza a tener un cierto parecido a la boca humana. Lo que me atrapa en realidad parecen dos brazos suaves que abrazan sin amenaza. Hay como un lugar donde quedarse, en esos brazos. Donde descansar. ¿Puede ser? De repente es como si fueras una mujer durmiendo a mi lado. Quizás pueda estirarme para apagar la luz. Sin despertarte. Quizás pueda devolver el cenicero a la mesita y recostarme. Escuchar tu respiración. Creo que no te tengo miedo ni horror y que si ahora hablaras en sueños los sonidos formarían palabras. Tu piel me gusta. Te doy un beso en la frente. Dormida, sonríes y me abrazas más. Sí, quizás sí eres lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo. Un lugar donde quedarse. Apago la luz.

1 Comentarios:

Lu Folino dijo...

Realismo erótico. Me gustó mucho.

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