Informe policial del deceso de Ludmila Greendale y denuncia del señor Beltrán al oficial Moyano Alzada.

domingo, 30 de octubre de 2011 |

Siendo las 14.34 del día de ayer, la ahora fenecida Ludmila Greendale y su amigo Aitor Beltrán caminaban por una vereda de baldosas irregulares. La irregularidad de las baldosas se debía a las raíces de un árbol cuya especie el autor del presente informe no supo reconocer. Las raíces del árbol se habían extendido por debajo de la vereda levantando las baldosas e irregularizando la superficie, es decir que en lugar de ser una vereda lisa y segura para el peatón, era una vereda llena de aristas asomando y vértices muy peligrosos, cualidad que queda más que confirmada por el deceso de Ludmila Greendale.
El autor del informe entrevistó al muy dolido Aitor Beltrán y esto es lo que ha podido recavar hasta ahora, siendo esta información confiable pero no definitiva, en tanto que hay otra entrevista con el señor Beltrán  (que no haré yo) programada para mañana por la tarde, con posibilidad de prorrogarse si el señor Beltrán se encontrara todavía muy dolido por la muerte de su amiga o enfadado por mi conducta inapropiada.
Siendo las 14.34 del día de ayer, los paseantes doblaron la esquina de las calles San Martín y Gabarini. La irregularidad de las baldosas provocó el tropiezo de la señora Greendale. Su larguísimo vestido fue también causa de que no pudiera recobrar el equilibrio y mantener la verticalidad y cayera, en palabras del señor Beltrán, «con toda la jeta contra el suelo», lo cual significó la pérdida de «tres comensales» por parte de la señora Greendale. El autor del presente informe no comprendió hasta mucho después la metáfora utilizada por el señor Beltrán: la pérdida de comensales se refiere a las piezas dentales que la fenecida señora Greendale escupió como consecuencia de la colisión entre su rostro y las irregulares baldosas de la vereda sobre la que caminaban. "Comensales" no es otra cosa que un segundo giro sobre una metáfora que el señor Beltrán da por entendida y que plantea la equivalencia entre "boca" y "comedor." En resumidas cuentas, el resultado final tras el incidente fue "Señora Greendale menos tres dientes."
Ahora bien, la señora Greendale sobrevivió al incidente: el tropezón no fue la causa de su muerte. Sí fue, curiosamente, la causa de que el señor Beltrán sobreviviera, como se verá.
Al notar, no sin horror, la blandísima recepción que a su lengua ofrecían las encías desdentadas, la señora Gleendale le solicitó con gestos enérgicos al señor Beltrán que continuara caminando, que ella lo alcanzaría en un momento. Es necesario dejar claro que Aitor Beltrán, viudo los últimos tres años, se encontraba cortejando a la señora Greendale, divorciada. Este hecho es importante a la hora de explicar o al menos ofrecer una hipótesis sobre la vergüenza de la señora Greendale al notar, por palpación lingual, los ausentados comensales, y por tanto necesitar un momento para prepararse para notificar al seductor la novedad odontológica.
Mudanzas Frestinson es parte de una multinacional de mudanzas especializada en el traslado de objetos de altísimo valor y notable fragilidad, por ejemplo: pianos. Ahora bajo investigacion, los dos empleados de Mudanzas Frestinson han declarado que el error que acabó –literalmente– con la vida de la señora Greendale y –metafóricamente, de acuerdo a las propias palabras del superviviente, con la vida del señor Beltrán– fue de origen mecánico: la grua estaba «mal calibrada» y la caída del piano no fue «por culpa nuestra», afirmó el conductor del camión-grua de MF. 
Notando el rostro sonrojado de la señora Greendale y viendo cómo «se le escapaba una tecla entre los labios» –siendo tecla un segundo giro de la metáfora que propone la equivalencia "dentadura = piano"– el señor Beltrán se alejó unos pasos y no vio el momento en que uno de los cables de acero se cortó, a causa del sobrepeso que cargaba como consecuencia de la mala calibración de la grúa, y dejó caer sobre el dolorido cuerpo de la señora Greendale un Érard de 200 kilogramos. No hubo registros de sus últimas palabras. Uno de los conductores, al parecer, gritó «cuidado señora que se cae el piano», pero antes de acabar la frase la señora Greendale ya había perdido una de sus tres dimensiones. Su cabeza fue encontrada a varios metros del piano, aunque esto no supo verlo el autor del presente informe hasta después de acercarse y quedar como un tonto al tomarle el pulso para confirmar el deceso. Este fue el primer error de varios cometidos por el autor del presente informe en la escena del crimen, y que llevaron a la denuncia que el señor Beltrán presentó en la comisaría hoy por la mañana.

*   *   *

—Vengo a denunciar la falta de tacto del oficial Moyano Alzada al momento de notificarme, ayer por la tarde, que mi amiga Ludmila había muerto aplastada por un piano.
—Muy bien, por favor complete esto con sus datos mientras me cuenta qué pasó.
—Bueno, íbamos caminando con mi amiga la señora Greendale, recientemente divorciada y a quien planeaba, yo, proponerle matrimonio, cuando ella tropezó y se cayó. Se avergonzó mucho por el incidente, yo creo que porque había perdido unas cuantas teclas, y entonces me pidió que siguiera adelante, que queria quedarse sola; «Camine udted, diga, do da lo alcando» me dijo, jajajaja, no podía hablar por el marfil perdido. Bueno, total que yo avancé unos  pasos y me detuve cuando oí un estruendo. Me doy vuelta y veo que donde antes había una señora Greendale había ahora un enorme, enormísimo piano de cola, rodeado por la creciente mancha de sangre egresada del machacado cuerpo de la aplastada, si me disculpa la grotesquitud… y el neologismo.
La policía llegó primero y sacaron el piano o sea lo corrieron a un lado. Mi amiga estaba destrozadísima, y la cabeza estaba lejos, se había separado del cuerpo y rodado como tres metros. El oficial Moyano Alzada, sin notar este hecho, agarró la muñeca derecha de mi amiga y le tomó el pulso. Después se dio cuenta de la decapitación ¿no?, y suspirando se me acercó. Y esto es lo que quiero denunciar, señor comisario. Lo que el oficial, demostrando una falta de modales y sensibilidad impresionante, dijo:
«No podemos hacer nada, caballero. Lo siento. Cuando la cabeza y el cuerpo se separan en general nos morimos. El piano se puede salvar si consigue buena madera y algún luthier que no le arranque la cabeza... o sea que no le cobre mucho por el arreglo quiero decir... porque si la cabeza y el cuerpo se separan nos morimos, jeje, aunque tuvimos un caso una vez de un luthier asesino, mataba a sus víctimas con cuerdas de chelo... en la comisaría le decíamos el asesino de las cuerdas de chelo por eso mismo, por que mataba a sus víctimas con cuerdas de chelo... pero no les arrancaba la cabeza, solamente los asfixiaba, pero después investigando descubrimos que cobraba muchísimo por sus trabajos o sea que sí les arrancaba la cabeza a sus clientes, pero en sentido figurado... o sea que los mataba sin arrancarles la cabeza y les arrancaba la cabeza sin matarlos jejeje, ¿no es curioso?... perdón, no sé por qué le digo todo esto, mis disculpas... voy a ver qué pasa con el cuerpo...»

*   *   *

El autor del presente informe admite que las afirmaciones del señor Beltrán son correctas y verdaderas. Sin embargo, mi abogado me ha hecho saber que existen seres, por ejemplo las gallinas, que continúan con vida unos minutos después de que se las ha degollado, y hojeando las últimas revistas de medicina he visto que se cree que en un futuro medianamente próximo se podrá reinsertar, gracias a la nanotecnología y la biomecánica, cabezas previamente separadas del cuerpo.
Todo lo cual no quiere ser una defensa puesto que, como he dicho antes, acepto la completa responsabilidad, pero sí al menos un atenuante de mi conducta un tanto inapropiada. Es decir: es posible, improbable, pero remotamente posible, que al verificar yo el pulso de la descabezada señora Greendale, hubiera sentido en las esperanzadas llemas de mi dedos un débil latido de vida, un latido que hubiérame obligado a gritar «Doctores, doctores, aún vive, la camilla!» y quizás, quién sabe, una vez cosida la cabeza, la señora Greendale hubiera podido continuar una vida medianamente saludable, tal vez incluso en sagrado matrimonio con el señor Beltrán, quién recuperado del shock de ver a su amada sucesivamente con cabeza, sin cabeza y con cabeza otra vez, hubiera reanudado su cortejo y, eventualmente, hubiera finalmente cometido la propuesta matrimonial.
Por tanto es un final triste el de este informe: las cosas no sucedieron de esta manera. La señora Greendale ocupa ahora dos compartimentos de la morgue policial. a la espera de ser trasladada según las instrucciones de sus familiares. El señor Beltrán, satisfecho de la suspensión que sobre mí ha caído, ejerce el luto en su casa. Probablemente llora. Es posible que mañana no venga.
En cuanto a mí, el autor del presente informe, abandona los límites de esta comisaría inmerso en un profundo dolor y una lacerante vergüenza, y promete dedicar los días de suspensión a investigar un poco más sobre los avances de la ciencia y a practicar frente al espejo la notificación discreta y depurada del deceso de un sujeto a sus familiares y amigos. Y quiere, como último pensamiento, manifestar mi sorpresa ante los misteriosos caminos que el azar tiene de repartirnos la muerte. Culpar a Mudanzas Frestinson de la muerte de Ludmila Greendale es un juicio correcto pero incompleto: fue también culpa de Beltrán, en tanto que de haber estado sola, la señora Greendale no se hubiera detenido, en el exacto punto de aterrizaje del piano, a ocultar su despiece bucal. Fue culpa del viejo árbol y sus raíces invasoras y, lejos en el tiempo, de quien allí lo plantara; culpa de las baldosas desparejas, del dueño de casa que no se preocupó por regularlas y, probablemente, culpa también de la señora Greendale y del largo y traicionero vestido que ese día escogió para la cita fatal.



Otros relatos trágicos:
→ Muerte de Albertino Gossi.
→ Otro año sin update para Gary.


2 Comentarios:

Anónimo dijo...

mortal!
facu

Luc Varela dijo...

Jajaja abrazaso culiau!!

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