Extraño ser humano.

jueves, 22 de septiembre de 2011 |


Extraño ser humano ingresa a mi hogar. La razón: conversar conmigo asuntos de suma importancia. Lo invito a entrar y a que se saque el abrigo. Ofrezco bebidas: rechaza amablemente.
Extraño ser humano tiene aspecto ordinario, nada de otro mundo, salvo que uno piensa, al verlo, «extraño ser humano frente a mí». Lengua de extraño ser humano es normal, manos, normales, cara, normal, vestimenta, normal, todo normal. Sin embargo, extraño ser humano. No huelo actividades roedoras.

Insiste en que tenemos que hablar. «Soy todo oídos» digo yo, y extraño ser humano asiente. «El tema de los préstamos no puede seguir así». Asiento. «Tenemos que cambiar algo», insiste extraño ser humano. Los préstamos son personales y con capital propio, y solamente intervienen el beneficiario del préstamo y extraño ser humano, que cita a beneficiarios en bancos de parque y entrega dinero en bolsas de papel. «Tenemos que ser más permisivos, más tolerantes, jefe». «A qué se refiere», le pregunto a extraño ser humano, que hasta ayer, cuando lo vi por última vez, no era extraño, pero hoy sí. «Esto de cortar dedos cada vez que hay un atraso, no lo sé, jefe, lo veo muy violento». Ahora confirmo que extraño ser humano no me resulta extraño por estar yo más paranoico de lo normal, no, extraño ser humano tiene pasión por cortar dedos, le encanta, a veces se alegra de que pago se retrasa y sale silbando a cortar dedos. «Pero si usted disfruta mucho de cercenar dedos», inquiero, y extraño ser humano se encoge de hombros, pero no dice nada.

«Prefiero no cortar más dedos, prefiero buscar una nueva forma de presión». Me incomoda que extraño ser humano hable de cortar dedos y de préstamos y de extorsión tan abiertamente. Estamos en mi casa pero podría haber insectos escondidos, escuchando, grabando. Invito a extraño ser humano a dar paseo.
Caminamos y extraño ser humano mira para todos lados, nervioso. «Qué pasa», le digo. «Nada», me dice, y yo comienzo a oler roedor, pienso y confirmo, sopeso y huelo y me digo «Sí. Roedor», pero mantengo cara impasible, sin dar señales de que algo me perturba. Extraño ser humano dice «Arbussetti no va a poder pagar. Debe mucho, tiene muchos intereses y no va a llegar a la fecha límite. Ya perdió ambos meñiques». Extraño ser humano me mira y sonríe. Ojos y sonrisa de extraño ser humano: no normales. Expresión extraña. Expresión falsa, me digo. Lo pienso, sopeso, confirmo. Huelo roedor, sin dudas. Huelo maldita rata putrefacta, maldita rata que hace negocios con El Enemigo, ventila asuntos, quizá lleva insecto bajo la ropa. Mantengo la apariencia. Devuelvo la sonrisa.
Podría equivocarme, y ser simplemente que extraño ser humano tiene mal día, necesita descansar, dormir, y mañana vuelve a la normalidad. Debo estar más allá de toda duda antes de ahogar al roedor, antes de eliminar a extraño ser humano, de poner bala en su nuca. Más allá de toda duda.
Extraño ser humano viste ropa normal, de todos los días. Frío facilita actividades roedoras, buen escondite para insectos. «Volvamos a casa».

Calefacción al máximo. Extraño ser humano comienza a sudar, a bufar. Se queja del calor. Ofrezco agua o whiskey. Acepta whiskey con hielo. «Quítate el abrigo», le propongo. Extraño ser humano se niega, maldita rata. «Vamos, vamos, aunque sea el sombrero. Mucho calor». «No, mejor baja la calefacción. Es peligroso que esté tan caliente, sin ventilar».
Cambio el tema de conversación, pero extraño ser humano insiste en hablar de crímenes cometidos por nuestra organización. Menciona meñiques separados de manos, menciona cuerpos atados a rocas y siestas con los peces. Suspiro. Extraño ser humano llama una vez más a la reflexión: «más tolerancia. Menos violencia, jefe. ¿Cuántos ha matado en este último mes?».
Gota que rebalsa el vaso. Extraño ser humano no se incluye en frase incriminatoria. "Ha", dice, "ha", no "hemos". Me pongo de pie de un salto y me abalanzo sobre extraño ser humano. «¡Qué pasa, qué, qué!», grita. No respondo. Le abro la camisa haciendo saltar todos los botones. Rompo la camiseta blanca que tiene debajo y me quedo tieso viendo vello rizado en pecho de extraño ser humano. Pecho horrible, vello horrible, camisa horrible. Pero número de insectos igual a cero. Extraño ser humano no está inmiscuído en actividades roedoras. Olfato me ha fallado.
«¿Pensabas que era una maldita rata?», dice extraño ser humano, con tono de reproche. «Una rata, yo. Nos conocemos desde pequeños, jefe. Somos como hermanos». Se levanta, acomodándose la camisa rota. Recoge su sombrero, que perdió durante el forcejeo.
Cuando se lo pone, pequeño insecto muerto escapa del sombrero y cae sobre alfombra. Miro el insecto. Miro a extraño ser humano, que palidece.
«¡Maldita rata!» grito, pero me tropiezo y caigo, y extraño ser humano, reconociendo última oportunidad de escape, huye para siempre.
Alfombra áspera sobre mi mejilla. Raspa, lastima, pero no puedo levantarme. Veo, junto a mí, el insecto que cayó del sombrero. «Maldita rata», me digo. «Maldita, maldita rata».

2 Comentarios:

moderrunner dijo...

Me ha gustado leer historia; encontrar motivo para sonreír cuando usted besó alfombra

Luc Varela dijo...

Gracias Mode! =)

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