Imposibilidad de pasear a Boston o de ir de vientre leyendo a Pound.

domingo, 6 de febrero de 2011 |

Dígame, ¿no le resulta incómodo, feo, horrible darse cuenta que no tiene tiempo para hacer nada de lo que le gusta hacer –por ejemplo pasear a Boston o leer a Pound en el baño– porque todo el tiempo que tiene se le escurre de las manos como agua o arena haciendo cosas que no le gusta hacer como por ejemplo cambiar las pilas y poner en hora el radio-reloj de la mesa de luz o llamar por teléfono a Gary Freemantle?
Porque a mí me resulta de lo más incómodo, feo, horrible saber que no tengo tiempo para hacer lo que realmente me gusta –pasear a Boston y leer a Pound en el baño– porque todo el tiempo que tengo se me escurre, se me escapa entre los dedos como agua o arena, se me va el tiempo, entre otras cosas, cambiándole las pilas al reloj de la mesa de luz, maldito reloj, no sé por qué decidí un día comprarme un reloj a pilas que usa nada menos que 16 (sí, dieciseis) pilas AA. Bueno, en realidad sí sé por qué. Sucede que cuando yo me duermo, me duermo, es decir, desciendo al Olimpo, caigo preso en los brazos de Morfeo y clínicamente, si se me tomara el pulso o se midieran mis funciones cerebrales o se acercara un espejo a mis labios y nariz para ver si respiro, se me podría tranquilamente declarar en estado de deceso, o sea muerto, y proceder a envolverme en una bolsa negra y dejar que el artificial frío de la morgue me abrace hasta que venga algún familiar o amigo a reconocer mi cadáver. Entonces como duermo tan profundamente, por la mañana digamos que me cuesta un poco despertarme así que fui a la tienda de electrónica de la esquina, Corner Electronical S.A, y le dije al señor Corner: «ey señor Corner, mire me anda costando mucho levantarme por la mañana porque usted sabe que yo cuando duermo duermo y es casi como si muriera clínicamente, y el despertador que tengo actualmente suena, cómo decirle, un poco bajito, ¿no?, entonces me dije ‘seguro que el señor Corner me va a poder ayudar’ y me vine así que bueno acá estoy, señor Corner, no sé si tendrá algo que me venga bien.» Y el señor Corner me dijo «claro que lo tengo, acompáñeme» y me llevó al fondo de la tienda, a un cuarto cerrado con cuatro llaves y con un cartel en la puerta que dice NO ENTRAR y donde estuvo hurgando unas cajas viejas escritas en chino o en japonés y de una de las cajas sacó un radio-reloj y me dijo «mire, este es el Ultra Violent Radio Alarm Clock 3000, lo prohibieron en 1998 porque sonaba tan fuerte que dejaba sorda a la gente e incluso hubo una persona que se durmió con el oído pegado a la radio escuchando música clásica o tango, no sé, y cuando sonó el reloj a la mañana siguiente al máximo volumen, a esta persona le explotó la cabeza, y ahí se decidió prohibir y sacar de circulacion el Ultra Violent Alarm Clock 3000. Se lo dejo en 15 más lo que cuesten las 16 pilas.»
Entonces la cuestión es que este reloj la verdad que funciona de lo mejor, es decir que me despierta bien por las mañanas y nunca me quedo dormido, pero el problema es que suena tan fuerte que consume muchas pilas y tengo que cambiarle todas las mañanas las dieciséis AA que usa y claro cada vez que le cambio las pilas lo tengo que poner en hora y en eso se me va el tiempo que podría usar en cosas que realmente me gusta hacer como pasear a Boston o leer a Ezra Pound mientras voy de vientre.

Y después está lo de llamar por teléfono a Gary Freemantle, uf, en eso se me van como ocho horas diarias. Marco el número de Gary y el teléfono llama y llama y después interviene  el contestador: «Saludos. Te comunicaste con Gary Freemantle, en este momento es una lástima pero no lo puedo atender así que deje un número y un nombre y yo lo llamaré apenas pueda», maldito, maldito Gary Freemantle que nunca está para atender el teléfono y yo tengo expresas órdenes de no detener mi trabajo hasta que consiga dar con él, así que ocho horas por día llamo a Freemantle y me salta el contestador y lo vuelvo a llamar y de nuevo «hola te comunicaste con Gary Freemantle» etcétera, etcétera y en eso consiste mi trabajo y mi vida, llamar y poner pilas, despertarme con un radio-reloj prohibido y escuchar un contestador automático y nunca puedo leer a Ezra Pound en el baño y nunca puedo hacer figuras de origami y nunca puedo regar las plantas y nunca puedo sacar a Boston a pasear y el pobre Boston se queda tendido junto a la estufa cabizbajo y apesadumbrado y a veces dormita y sueña que está corriendo y agita sus piernas en sueños hasta que se despierta lo que se dice cagado de miedo porque sin querer tocó la estufa incandescente con las patitas y se quemó hasta el alma. Y me mira, mientras se sopla las garritas quemadas, me mira con ojos lagrimosos, con la lengua apenas asomando por la boca, me mira como diciéndome: «sacame a pasear, por el amor de Dios te lo pido, por lo más sagrado sacame de una vez, no ves que estoy tan encerrado que hasta sueño que corro y me quemo las patas con esta estufa de mierda, colgá el teléfon de una vez y sacame hijo de puta, para qué carajo tenés un perro si no lo vas a sacar a pasear, ¿eh?, sacame y traé una pelota o un frisbee y te juro por lo que sea que me lo tirás y yo lo busco, que nos revolcamos en el césped los dos y que nos hacemos más amigos, por favor sacame un rato, meo un árbol y volvemos, si querés, pero dejame ser un perro por un rato» y cuando yo veo esa mirada que me dice todas estas cosas, yo le respondo «me tenés que perdonar, Boston, pero tengo que llamar a Freemantle y no está, no está, y después tengo que poner las dieciséis pilas y tengo que salir a comprar más y poner el reloj en hora y tengo que ir de vientre pero rápido, sin leer ni un solo poema de Ezra Pound, y después ya me toca calentarme algo rápido, cenar y dormir porque si me acuesto muy cansado y duermo poco, por más que ponga quince despertadores o que llame a la orquesta sinfónica para que mañana temprano toque un molto vivace en mi oreja no me voy a despertar, Boston, voy a seguir durmiendo y no voy a llamar a Gary Freemantle y mirá si justo mañana el tipo está en su casa y yo durmiendo y soñando que leo a Ezra Pound o te paseo a vos, Boston, y Freemantle sentado junto al teléfono esperando la llamada y nada, nada, y me despierto tarde y llamo y el tipo ya se fue indignadísimo de pasarse horas esperando la llamada y luego me llama el jefe y me dice «¡Despedido! ¡Hemos encontrado un reemplazo para que llame a Freemantle. Recibirá el telegrama entre hoy y mañana!», y ahí sí que voy a tener tiempo de pasearte y de ir de vientre tomándome todo el tiempo necesario para leer a Pound, pero no voy a tener trabajo y eventualmente tendré que conseguir otro así que dormite, Boston, dormite y seguí soñando que te saco a pasear que yo llamo una vez a Freemantle y ya termino por hoy, me caliento el arroz con pollo, pongo el reloj en hora y me voy a dormir.


3 Comentarios:

Juan Manuel López Baio dijo...

... como una versión sudaka de los detectives existencialistas de Paul Auster.

Luc Varela dijo...

No podría gustarme más esa comparación, siendo un gran gran gran admirador de Auster. Muchas gracias.

Juan Manuel López Baio dijo...

:)
buenísimo

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