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Albúminas.

30 de julio de 2009 |

Ojalá haya dormido bien yo le diría que se lave la cara y se desperece bien antes de leer esto así está más concentrada. Yo le voy a explicar Consorcia y trataré de que entienda más o menos lo que me sucede.

Hay momentos en los que de repente y sin ninguna razón lógica me vienen palabras a la cabeza y me pongo podríamos decir que a jugar con ellas las doy vuelta las digo en voz alta las pienso las repito y luego las dejo de lado sin más como se deja a un lado un hueso al que ya no le queda carne que roer.
La palabra que me vino hoy es albúmina y no tengo ni la menor idea de qué significa pero eso es bueno porque otra vez me da la esperanza de que éste sea el término que hace ya mucho tiempo que busco y de que finalmente tenga en mi poder los fonemas necesarios para expresarle esto que vengo sintiendo por usted Consorcia y que todavía no le he dicho porque habrá visto usted cómo es esto de las palabras que siempre nos atan y nos limitan y a veces son insuficientes y otras veces el significado se sale por los bordes se rebalsa y comunica cosas que no queríamos comunicar. Es como si las palabras pusieran palabras en nuestra boca para decirlo de manera simple.
Ya sabe Consorcia lo que sucede en general cuando se le dice a alguien que se lo adora o que se lo quiere o que se lo aborrece pero esas palabras no son exactamente lo que uno siente dentro de su cuerpo y tampoco sirven esas cosas líricas o abstractas esas metáforas que tanto abundan metáforas del tipo "me hierve la sangre del odio que te tengo" eso no sirve para nada pero por favor a quién le hierve la sangre cuando odia a una persona a nadie a nadie le hierve la sangre cuando odia a una persona yo no sé cuál será el punto de ebullición de la sangre pero se me hace que es altísimo y que a uno mucho antes de que la sangre le empiece a burbujear le da un síncope y se muere y otro ejemplo de metáfora podría ser cuando dicen "ay cada vez que la veo a Estela siento mariposas en la panza" por el amor de la Virgen me dan ganas de que un oficial de policía me dispare con su arma reglamentaria en la cabeza cuando escucho a alguien hablar de las mariposas en la panza y si algún día me cruzo al hediondo que inventó ese verso le voy a pegar tantas patadas en la cara señora Consorcia tantas patadas que que va a quedar como un poema.
Albúmina. Le decía que no sé qué es ni siquiera sé si existe mire y por eso me gusta porque puedo agarrar y jugar con la palabra y hacerla sustantivo o agregarle una terminación para que sea un verbo infinitivo y luego adjetivo y adverbio y cambiarle el género y el número y conjugarla según se me presenten las regaladas ganas hasta decirle Consorcia mía nunca en mi vida he albuminado a nadie como la albumino a usted que es tan albúmina que mi corazón se acelera como el corazón de un albuminito asustado. ¿Ve?. En este caso albúmina es exactamente lo que yo quiero que sea en cada uso que le doy más o menos como hacía Humpy Dumpty cuando conversaba con Alicia que cada palabra significaba lo que él quería y nada más. Consorcia quiero que sepa que lo más albúmino que me ha pasado en la vida ha sido conocerla aquella vez que la descubrí sentada en el jardín del geriátrico toda usted sola y pensativa y mirando fijamente a las palomas que a veces bajan a picotear las migas y yo me le acerqué titubeante y le comenté el calor que hacía y lo mal que se estaba dentro con el aire acondicionado estropeado y una cosa llevó a la otra hasta que nos dimos cuenta que llevábamos charlando horas y ya era hora de cenar. Consorcia déjeme decirle que su albuminidad me albumina valga la redundancia (y en este caso la redundancia vale porque yo quiero que valga y digo que vale) y si algún día usted me corresponde en este albuminamiento que le profeso y albuminamos los dos juntos yo le aseguro Consorcia que no habrá nada en este mundo que pueda hacerme más feliz y podré morir tranquilamente reconfortado por la certeza de haberla albuminado como nadie nunca la albuminó de que el albuminor fue mutuo y chispeante y de nuestras particulares albuminaciones surgieron pequeñas y hermosas albúminas nuevas que se paseaban entre nosotros saltaban por todos lados rebotaban en su precioso rodete Consorcia resplandeciendo graciosamente sin saber la sorpresa que nos dieron en el ocaso de nuestras vidas cuando pensábamos que ya no quedaban albuminares para gente de nuestra edad que sólo los jóvenes pueden disfrutar de ellos y para nosotros los viejos sólo quedan el hastío y las articulaciones dolidas las arrugas y el chinchón los jueves de Tango y el diazepam y la irritante espera de visitas que no llegan porque afuera la gente anda ocupadísima con proyectos y plazos y el Dow Jones y lo más triste es que entre tantos proyectos y plazos y Dow Jones no les queda ni un ratito para albuminar así como yo la albumino ahora.

Ojalá haya sido más o menos claro Consorcia. Quise decírselo en persona pero si a mi dentadura mal hecha le sumamos mi timidez y mi carraspeo crónico se me hace muy complicado hacerme entender entonces le dejo esta nota por debajo de la puerta para que la lea cuando se despierte de su siesta. Yo estaré en la Sala Común esperándola así que cuando termine si le parece bien véngase y nos tomamos unos mates jugamos una Escoba 15 o nos reímos de Amalia que otra vez ve monos por todos lados esa sí que dice cosas sin sentido.

Gaytán cambio Almudena.

23 de julio de 2009 |

Oficial Almudena aquí Gaytán ¿me copia? cambio aquí Oficial Almudena copio perfectamente cambio buenas tardes Almudena informe su locación actual cambio mi locación actual calle Ricardo Pedroni 2035 en domicilio de la víctima de un asalto con arma de fuego una femenina 36 años de edad su gracia Alicia Lumbrer afirma haber sido atacada por un masculino de unos 25 años de edad pelo castaño oscuro tez morena dientes mas o menos torcidos y un colmillo de oro cejas unidas un tatuaje en el brazo con la palabra MADRE y otro tatuaje en el pecho con la figura de un craneo masculino de edad indeterminada mordiendo una rosa probablemente femenina fallecida la flor por separamiento del rosal. El malhechor llevaba un pantalón vaquero color azul oscuro y zapatillas rojas su torso iba desnudo y en la mano derecha llevaba un arma de color metálico probablemente una .22 cambio muy bien Oficial Almudena algo más para agregar cambio sí Oficial Gaytán tengo una lista con los objetos sustraídos a la femenina por el maleante masculino procedo a reportar: una cartera de piel imitación cocodrilo masculino edad indeterminada una bufanda violeta longitud indeterminada un teléfono celular con mp3 cámara de fotos calendario y ringtone de Justin Timberlake masculino tez blanca pelo rizado nacionalidad estadounidense y una cara de vivo que se lo lleva cambio proceda Almudena a relatarme el orden cronológico de los hechos acontecidos durante el siniestro entre el masculino y la femenina cambio procedo Gaytán a las 1500 de hoy estaba la femenina caminando por el barrio volviendo de hacer las compras cuando el masculino se le aproxima por detrás y aprehende el bolso de la femenina mientras le dice y cito: "dame el bolso sucia o te quemo" acto seguido la femenina hace ingreso en un estado de pánico y comienza a gritar sin soltar el bolso que el masculino aprehende con lo cual se da inicio a un tire y afloje entre ambos protagonistas del siniestro mientras la femenina grita y el malhechor continúa amenazando con frases como y cito "soltá el bolso reventada soltalo o te metó un cuetazo en el ojo". Asi continúa este forcejeo hasta que la víctima cede suelta el bolso y cae al piso donde se lastima el codo ocasión que aprovecha el rufián para ejecutar la huída por calle Barros Pasos y desaparecer con el bolso aprehendido cambio ¿estado de la víctima? cambio el estado de la víctima es estable, presenta señales evidentes de forcejeo por ejemplo lleva una manga del pulóver estirada hasta el piso y el pelo muy despeinado también presenta magulladuras en la cara y una lastimadura en el codo que ya se ha tratado con una curita que tenía yo en el patrullero cambio ¿estado mental de la víctima, Almudena? cambio la víctima continúa en shock y se observa un hilo de saliva brotando de la boca de la femenina por lo demás el estado es favorable y puede quedar en libertad cambio buen trabajo Almudena puede regresar a central cambio me dirijo hacia allá cambio ¡Almudena, ¿esta ahí?! cambio sí Gaytán aquí estoy cambio Almudena me informan de una situación que se está dando en las proximidades de su locación actual código 884 Almudena repito código 884 proceda cambio aquí Almudena señor no tengo el manual conmigo por favor proceda a dar explicación breve del código 884 cambio procedo a describir código 884: tenemos una situación de copulación entre dos canes un masculino macho raza Dobermann edad indeterminada pelaje moreno y una femenina hembra raza indeterminada edad indeterminada pelaje blanco tirando a té con leche con contracción de su aparato reproductor y consecuente abotonamiento de los dos animales se debe asistir al lugar con una olla de agua caliente y llamar a un veterinario cambio copio Gaytán procedo a pedirle a la femenina víctima del asalto una olla con agua caliente mientras llamo a la veterinaria cambio proceda entonces Almudena y repórtese cuando la situación esté controlada y si le queda tiempo ejecute código 002 cambio no tengo el manual cambio código 002 comprar facturas y palmeritas en la panadería más cercana cambio copio y procedo a aprehender la olla de agua caliente cambio buena suerte lo esperamos con las facturas cambio y fuera.

Sobre el señor que se pasea desnudo y en bicicleta por Barcelona, los pensamientos que me inspiró y las condiciones en que escribí estas líneas.

20 de julio de 2009 |

Hoy me sucedió que andando en bicicleta por Barcelona frené en un semáforo en rojo y a mi lado se detuvo otro señor que también iba en bicicleta. Yo lo vi sin detenerme en los detalles, sumido en mis propios pensamientos, y no fue hasta que el semáforo en verde nos dio paso que noté, cuando el ciclista me adelantó y pude ver sus redondas nalgas sobre el asiento de su bicicleta, que el señor pedaleaba por la ciudad tal y como iba vestido el día de su nacimiento, esto es, completa y absolutamente en pelotas.
Todo a lo largo del Passeig de Sant Joan, rumbo a Arc de Triomf, conducía el señor su bicicleta naranja, y los pocos pelos de su cabeza que habían sobrevivido a la calvicie flameaban al viento como ropa puesta a secar durante un vendaval. Pedaleaba a gran velocidad, siempre en rumbo recto hacia el Arco del Triunfo barcelonés, persiguiendo quizás otro triunfo muy distinto, el triunfo de una piel curtida por el sol y por los roces, de una piel bien aireada, de unos poros abiertos al mundo que han trascendido la miserable necesidad de protegerse de las inclemencias del tiempo con poliéster, nailon o algodón.
Dos esquinas más adelante mi propio destino me obligaría a doblar a la derecha y abandonar al ciclista Adán, abandonar sus graciosas nalgas bronceadas y seguir mi propio camino, seguir por calles secundarias pobladas de gente vestida y sin saber jamás que sería de aquel héroe de autoestima elevada. Decidí olvidarme de mi itinerario, dejar atrás la esquina de la desunión y seguir al mesías del nudismo como su discípulo incondicional.
Así es que pedaleamos y pedaleamos hasta que un nuevo semáforo teñido de escarlata nos impuso la pausa. Y ocurrió que viendo a la gente cruzar la calle sorpenderse de repente ante la presencia de un hombre sin vestiduras montado en una bicicleta naranja, comprendí lo mucho que nos incomoda el cuerpo desnudo. El cuerpo desnudo de otros y nuestro propio cuerpo desnudo. Una teta en el medio de la calle puede causar interés, lujuria, aburrimiento o no causar nada, pero seguro que alguno de los testigos de esa teta se sentirá, ante todo, incómodo, muy incómodo sobre todo por la envidia que le despertará esa actitud irreverente de la dueña de la teta, que sale al mundo con sus senos al aire refregándonos en la cara que ella sí se animó, que sí tuvo el valor de exponerse a las miradas del mundo a cambio de sentir sobre su piel desnuda la brisa marina. Si vamos más allá, me atrevo a decir que incluso palabras relacionadas con la desnudez, como la palabra teta, incomodan. No producen este efecto si las usamos en frases que indiquen, por ejemplo, hartazgo: “estoy hasta las tetas de que mi suegra venga a comer a casa”. Pero si se la aísla sí. Por ejemplo, supongamos que en una sala de espera yo estoy hojeando revistas como el resto de los pacientes que aguardan su turno, pero en un momento dejo la revista a un lado y, poniéndome de pie en el medio de la sala, me aclaro la garganta y pronuncio: TETA. Terrible incomodidad de los pacientes, ¿no es cierto?. ¡¿Pero por qué?! ¿Por qué este rechazo a algo tan común como cualquier otra parte del cuerpo humano?. Si en la sala de espera digo RODILLA me mirarán con desinterés y luego volverán a sus Para Ti o sus Gente, pero si digo PEZÓN todos murmurarán y las madres se apresurarán a cubrir los oídos de sus hijos.
Reflexionando sobre todas estas cosas, siempre pedaleando detrás de mis nalgas-guía, decidí que haría un experimento. Escribiría primero los hechos ocurridos alrededor del nudista y los pensamientos que a partir de ahí se despertaron en mi mente, y luego, cuando todo estuviera sobre el papel, le haría saber al lector que todo lo que ha leído hasta ese momento, que todo lo que ha leído hasta este momento, ha sido escrito por una persona desnuda.

Así es, señores, en este momento estoy lo que se dice completa y absolutamente en bolas, con la sola excepción de mis anteojos. Eso es, querido lector, proceda ahora a imaginarme escribiendo desnudo, comience a dibujar en su mente mis manos tersas volando sobre el teclado, en mis brazos fuertes e inmóviles, en mi vientre redondo como una colina cubierta de hierbas rizadas, y dibuje mis piernas gruesas a uno y otro costado de la silla, dibuje mis nalgas turgentes sobre el metal otrora frío de esta silla, ahora tibio por el calor de mis posaderas. Dibuje mi miembro en reposo, dibuje también mis testículos asimétricos y complete su obra con mis pies descalzos sobre el suelo de mármol como dos empanadas que han caído del horno.
Porque ese soy yo, este soy yo, y no los pantalones que visto, no esas camisas que no hablan de mí, no esas gorras, esas camisetas, esas medias, esos calzoncillos. Yo soy este, en carne y hueso y nada más, yo soy el del pelo en la panza, el de brazos viriles, el que tiene pelos en los brazos, el de barba de dos meses, el de nariz aguileña, el de los pelos en la nariz aguileña, el de orejas pequeñas, el que tiene pelos en las orejas, el de las cejas fruncidas, el que tiene pelo en las cejas.
¿Lo asalta ahora una gran incomodidad? ¿Siente fuertes deseos de cerrar los ojos y alejarse de estas líneas? No lo haga, porque quiero que sepa que todo lo incómodo que puede resultarle leer la descripción de mí mismo escribiendo sin ropas, todo eso multiplíquelo por quince y obtendrá un resultado aproximado de lo cómodo que me resulta escribir así, como me vio mi madre cuando llegué a esta vida. Usted no puede imaginarse la experiencia sobrenatural que significa escribir sin nada encima. Aquí estoy, yo y mi cuerpo, y un pequeño ventilador que me ayuda a sobrellevar este tremendo calor. Y si el ventilador no alcanza, entonces dejo de escribir un momento y salgo al patio a manguerearme. Así como lo lee, salgo y abro la canilla y me manguereo todo este cuerpo que me ha sido dado, y la flexibilidad de la manguera me permite refrescar cada rincón y cada ángulo de mi ser hasta que el calor cede terreno y puedo regresar a mi silla, que durante el baño ha vuelto a enfriarse, y posar mis glúteos sobre ella y seguir escribiendo esto que, quizás, con suerte, ya no le incomode tanto, que quizás haya despertado en usted un deseo irrefrenable de salir a la calle y desnudarse, de quitarle el candado a su bici y montarla y pedalear hasta detenerse en un semáforo junto a otro ciclista que sí lleve ropas, mirarlo sonrientemente y finalmente si todo sale bien, inspirarle un texto parecido a este que acaba de leer.

París.

7 de julio de 2009 |

La felicidad, no sé por qué no me di cuenta antes, está hecha de momentos sueltos y en general fugaces, y sólo se puede explicar con ejemplos. Un beso arrebatado, una estantería en perfecto estado que encontrás en la basura, un libro mientras afuera llueve, o ese momento exacto en el que miles de turistas empiezan a gritar y a aplaudir y vos, por estar debajo de la Torre, no te das cuenta de que le han encendido las luces y entonces corrés y te tirás en el césped de Champ de Mars y te quedás un poco sin aire, un poco sin aire unos cuantos segundos mirando la Torre Eiffel iluminada y decís la puta madre mirá donde estoy, frente a la Torre Eiffel, estoy. Lo inverosímil es que sorprende, a pesar del millón de fotos, documentales, Google Maps Street View, a pesar de todas las veces que ya la has visto en papel y en pantallas, estás ahí y te quedás un poco sin aire.
Y te quedás viéndola, te quedás viendo la Torre de arriba abajo y de nuevo arriba mientras el sol termina de irse y por fin refresca un poco, porque el calor de los tres primeros días de Julio ha sido cruel, y viendo la Torre lo único que te interrumpe es alguno de los quinientos mil vendedores de souvenirs o alguien que te pide la hora, o fuego, o direcciones a un hostel.
Cuando se te llenaron los ojos de Torre te vas, agarrás la avenida Eiffel y doblás en Bourdonnais hasta la boca del metro que parece incendiado del calor que hace, y está lleno de gente malhumorada y cansada y ves que muchos parisinos, se les nota en la cara, odian a los turistas, están hartos de que sólo sepas decir escusémuá y mercí, pero a vos qué carajo te va a importar, si volvés de ver la Torre Eiffel, si a la mañana lo visitaste a Julio y la noche anterior viste a Regina.

La ecuación de la felicidad es distinta para cada uno, y es distinta para uno mismo a lo largo de su vida, con lo cual es muy probable que los factores que componen la ecuación de la felicidad de alguien se den en otra persona, o se den en la persona correcta pero a destiempo. En mi caso ocurrió el milagro: la felicidad fue París, Regina Spektor, una sala de lo más bella que se llama Le Bataclan, el cementerio de Montparnasse y la tumba de Julio y comerme una manzana leyendo las notitas que la gente que lo visita le deja en pequeños papelitos de colores o en cartoncitos de cajas de cigarrillos desarmadas, notitas que dicen cosas como gracias Cronopio y la felicidad también fue el falafel que me comí en el Quai Saint-Michel después de caminar 12, 15 horas por todo París, y dentro de la felicidad hubo pequeñas sub-felicidades que por momentos me asustaron porque pensé tendría que cuidarme, tanta felicidad no puede ser sana, por ejemplo estás en el medio del concierto de Regina, ella acaba de terminar una canción y se seca con una toalla porque hace calor en Le Bataclan, y te distraés o estirás la pierna y de repente sentís cómo golpea, no toca, no, golpea las teclas de su piano con las primeras notas de Apres Moi, y decís si ahora no me da una embolia y sobrevivo va a pasar mucho tiempo hasta que vuelva a sentir algo tan fuerte, tan enormemente fantástico como esto, y sobrevivís y luego Regina toca Us, toca Flowers y todos en Le Bataclan tememos por nuestra salud mental al tiempo que, sin darnos cuenta, comenzamos a levitar un poquito, sólo un poquito, y nos olvidamos del calor y de las piernas hinchadas y doloridas de caminar todo el día y de haber llegado a la sala dos horas antes de que empiece el show, por las dudas, no vaya a ser cosa que después haya cola o te quedes atrás y no veas nada.
Y al otro día vas al Louvre que no empieza en el Louvre en sí sino en el metro, porque la estación de la línea 1 Louvre – Rivoli está hermosamente decorada con estatuas y demás. Luego entrás al museo y como querés verlo tranquilo lo primero que hay que hacer es ir, ver La Gioconda, sacarte las ganas y quedarte en paz para el resto de las salas. Así que seguís las indicaciones hasta la habitación donde está la Mona Lisa, y te decepcionás un poco de lo pequeño que es el cuadro, allá a lo lejos, ocupando el centro de una pared por lo demás vacía. Intentás mantener la calma y seguir la cola pero al final perdés la paciencia y te abrís paso a codazos pardón pardón escusemuá entre asiáticos que sacan mil fotos por minutos y señoras que se paran a charlar de cualquier cosa en el medio de la sala. Al final llegás frente al cuadro y otra vez te quedás un poco sin aire, porque a fin de cuentas, por más pequeño que sea, es el retrato de la Mona Lisa, y sus ojos te siguen y no sabés si sonríe o no, si está triste o se regocija en un secreto que sólo ella posee.
Seguís por otras salas, con la tranquilidad que tiene el que acaba de hacer pis, y vas viendo cuadros y más cuadros y luego esfinges y antigüedades griegas y más cuadros y cuando te querés dar cuenta te has pasado siete horas en el Louvre, y ni siquiera has visto todo, pero te vas igual porque estás levemente atemorizado por el hecho de que no sentís las piernas.
Salís a la pirámide del museo y metés los pies en la fuente, como hace todo el mundo silenciosamente agradeciendo que los guardias de seguridad y la policía no te digan que saqués las patas del agua.
Luego caminás y París es tan caro que no comés nada, ni un pancho ni un helado ni un crepe ni un panini ni nada, te quieren cobrar dos euros por medio litro de agua y te dan ganas de matarlos, así que merodeás por mil calles hasta encontrar un almacén donde te venden agua a precio decente, y por lo menos calmás la sed. Pero hay que moderarse, porque en la mayoría de los baños públicos te cobran cuarenta céntimos la visita al inodoro, cuarenta-céntimos-por-hacer-pis.
Vas a Notre Dame y a la Saint Chapelle y cuando no das más justo llegás a los jardines de Luxemburgo donde podés tirarte un rato a la sombra y sacar a Larsson de la mochila y leer, y Larsson en mi mochila fue otra porción importante en mi ecuación de la felicidad.
Cuando cae el sol te vas y es tu última noche en París y esa certeza te anuda los órganos y te desteñís un poco, pero apenas dura un microsegundo porque quién puede ser tan caradura de quejarse, quién, por favor.
Dormís hasta tarde y cuando por fin te levantás te despedís de tus efímeros compañeros de habitación del hostel, un australiano, un japonés y un canadiense.
El japonés se llama Mayama (o algo así) y es fotógrafo y la noche anterior te ha contado que lleva en su valija un montón de fotos que quiere mostrar en no sé qué exposición que hay en el sur de Francia, exposición, aclara Mayama, a la que no lo han invitado pero donde igual irá, de última mostrará sus fotos en la calle. Se ríe, Mayama, y encongiéndose de hombros te dice “I try, I do my best”. Un grande, Mayama, ojalá le vaya bien.
Te tomás el último metro de tu viaje y en Chatelet combinás con el tren que va al Aeropuerto Charles De Gaulle. El vuelo se atrasa 3 horas, horas que usás para ordenar tanta felicidad en tu cabeza, para seguir leyendo a Larsson y para dormitar un rato hasta que anuncian en francés que ya podés abordar.
Despegás.
Y te vas de París.