RSS feed Suscropción por email Facebook networked blogs Delicious links Blogger




Cine para pocos 4.

23 de febrero de 2009 |

Como nosotros somos seres intelectualmente superiores no le damos importancia a la más popular entrega de premios cinematográficos. Hacemos caso omiso de los Oscars y nos enfocamos en cintas de gran calidad, cintas independientes, cintas transgresoras, viscerales, humanas, arriesgadas, celulares, ovíparas, lumbales, baldosas.
Si usted no entiende esta pasión por el cine, este amor incondicional por los 35 milímetros, esta devoción absoluta por el celuloide, este fanatismo abrumador por la butaca, esta atracción incontrolable hacia los acomodadores con linterna, entonces váyase, ser inferior, váyase y no vuelva nunca. Pero si por el contrario usted comparte nuestra cinefilia, entonces por favor permanezca junto a nosotros y disfrute de los mejores films de los últimos tiempos.


NUEVE SEMANAS EN MEDIAS.
(Nine weeks without shoes, Francia / Inglaterra / Atlántida / 1986, Apta para mayores de 21 años, 94 minutos)
Dirección: Rickey Mourke.

Rickey Mourke alcanzó la fama a mediados de los ochentas dirigiendo y protagonizando esta obra bastante maestra.
Basada en una historia real, Nueve Semanas en Medias representa de manera muy pero muy simbólica, tan simbólica que casi no se nota, la desolación del alma humana frente a los grandes interrogantes metafísicos: ¿qué es el alma?, ¿cuál es el sentido de la humanidad?, ¿existe dios?, ¿por qué estornudamos?. Tales son los temas tratados en este clásico que inmortalizó la historia de Gary Fahr, aquel entrañable plomero de Michigan que perdió sus zapatos en un juego de póker y, como calzaba 58, pasó más de sesenta días en calcetines hasta que le fabricaron un nuevo par a medida.

* * *

LECHE.
(Milk, San Francisco, 1994, Apta para mayores de 18 años, 105 minutos)
Dirección: Sean Penncil.

Brillante interpretación de Penncil como Jarvi Milk, famoso militante y defensor de los derechos de los homosexuales que logró con su empeño enormes cambios sociales a favor de esta minoría.
Sin embargo, el director no es fiel a los hechos históricos y tiende, de manera acertada y visceral, a modificar lo sucedido en el San Francisco de los 70s. Observamos entonces a un Jarvy Milk muy distinto del real, pues aunque ambos son defensores del movimiento gay e incansables luchadores a favor de la igualdad, el Milk interpretado por Sean Penncil tiene la capacidad de volar, disparar rayos láser por los ojos, comunicarse con los peces y convertir en leche todo lo que toca.

* * *

ALIEN VS. DEPREDADOR VS. TERMINATOR VS. FREDDY VS. JASON VS. HULK VS. FROST VS. NIXON.
(Frost vs. Nixon vs. Terminator vs. Freddy vs. Alien vs. Hulk vs. Predator vs. Jason, Bulgaria /Brasil / San Pablo (Brasil), 2007, Apta para mayores de 16 años, 148 minutos)
Dirección: Gelmut Gelmut.

Tomando como punto de partida la histórica entrevista que le realizara David Frost al ex presidente de los Estados Unidos Richard Nixon, Gelmut Gelmut logra en su último largometraje una película arriesgadísima y altamente experimental donde la acción no se detiene hasta el último minuto.
Aunque los primeros momentos de la película son fieles a la verdad y asistimos al diálogo entre el periodista y el político, pronto la película adquiere matices muy irreales cuando por la ventana ingresa el Alien de Ridely Scott que, perseguido por Depredador y Freddy, busca refugio entre las piernas de Nixon. Luego aparecen Jason (aquel clásico asesino en serie enmascarado) y Hulk. Minutos después el reparto está completo cuando, atravesando el techo, hace acto de presencia Terminator (interpretado mediocremente por Danny DeVito.)
Los ocho contendientes iniciarán una lucha violenta que dejará muchísimas víctimas y la destrucción completa del continente americano.


>> Más cine para pocos<<

No me sale escribirte un poema.

20 de febrero de 2009 |

Yo quiero pero no me sale escribirte un poema no me salen los versos y no me salen las rimas y no me salen metáforas ni símiles y no sé muchos adjetivos y no sé nada de estilos o influencias y lo único que sé es sobre qué quiero escribir (sobre vos y cosas relacionadas con vos) pero me parece que eso no alcanza porque por ejemplo anoche dije voy a escribir un poema sobre tu pelo y realmente me esforcé y todo lo que pude escribir es:
Cómo me gusta tu pelo
suave como el mar
cómo me gustan tus ojos
bellos como el mar.
¿Ves lo que digo? Comparé tu pelo con el mar o sea eso es como lo más cursi que se puede hacer y no sólo eso sino que después comparé tus ojos con el mar es decir que repetí la metáfora y encima malísimas las metáforas esas y completamente falsas porque tu pelo nunca fue suave, vos me perdonarás pero admitamos que parece virulana y tus ojos nunca fueron azules sino marrones, bien comunachos digamos.
Pero como yo tengo ganas de escribir poemas que te pongan contenta me seguí esforzando y anoche después de hacer un bollito ese papel cerré los ojos y me dije ¡fuerza Lucas, vos podés, vos podés!. Así que agarré de nuevo la lapicera y en una hoja en blanco puse:
Cómo me apasionan tus orejas,
como un caracol pero con tímpano
y como me apasionan tus rodillas
de todas las articulaciones que tenés
mis favoritas.
¡Cualquier cosa!
O sea en serio que tus rodillas me encantan porque por ejemplo los codos tuyos no son muy lindos que digamos y después quedarían las articulaciones de los dedos pero dedos no rima con favoritas y rodillas tampoco es que rima mucho pero más o menos pega.
De todas formas también descarté este poema, lo hice un bollito y saqué otra hoja. Pensé en tu sonrisa:
Es un resplandor inesperado
cuando algo te causa gracia
Es como cuando sale el sol
para nada una desgracia.
La última línea es porque quería que rimara pero no se me ocurrió nada que rime con gracia excepto desgracia que rima porque son casi la misma palabra o sea que es medio hacer trampa, es como rimar “pieza” con “empieza” o algo así. Igual, y modestia aparte, este poemita me gustó un poco más porque no sé si te habrás dado cuenta pero lo de “resplandor inesperado” es de cómo brillan tus aparatos cuando sonreís, sobre todo cuando les da el sol, por eso puse “como cuando sale el sol” o sea que hay como simbolismo. Igual también a este lo hice un bollito.
Decidí probar una vez más y si no me salía nada irme a ver tele que pasaban una peli de Stalone.
En fin, me gustás mucho che,
me gustás más que una peli de Stalone
aunque no me gustás más que Rocky
pero podemos comer canelone.
Lo de los canelones era para que rime y le saqué la ese del final para que rime al cien porciento. Pero ¿sabés qué?... me parece que te voy a invitar a comer canelones mañana así el final del poema tiene como relación con la realidad, y de paso te doy los otros tres que descarté, y te llevás los cuatro bollitos a tu casa como prueba de mi amor por tu pelo y rodillas y ojos y ortodoncia.

No vuelvas, Ernesto.

3 de febrero de 2009 |

Mirá Ernesto, ya van tres veces que me declarás tu amor, y las tres veces te he rechazado. Debo admitir que sos el ejemplo máximo de la vana perseverancia pero por favor date por notificado de mi desamor por vos, lee bien lo siguiente y entendé que no quiero, mirá bien, por lo más sagrado que exista mirá bien: NO QUIERO tener nada con vos.
Cuando por primera vez me preguntaste si quería ser el amor de tu vida yo creo que mi respuesta fue bastante clara, que no dejó lugar a duda alguna. Te dije, textualmente, que no saldría con vos aunque estuviera hundida en la ebriedad más grande, que si alguien googlea “feo” es la foto de tu DNI el primer resultado que aparece, te dije también que no te toco ni con un chorro de soda y que prefiero besar a un guanaco con herpes antes que estrecharte la mano, que prefiero que me maten lentamente, por ejemplo a tincazos en el lóbulo de las orejas, antes que besarte. Todo eso te dije esa vez y sin embargo vos seguiste insistiendo, embebido quizás en la estúpida esperanza de que cambiaría de opinión al ver lo tenaz que sos.
Bueno, no. Te informo: ningún cambiar de opinión nunca jamás.

Y seguiste. La segunda vez, cuando apareciste bajo mi balcón y me recitaste ese poema, tal vez fui un poco violenta pero es que no quería que volvieras más. No quiero verte más, Ernesto, y vos no lo entendés. Tenés que enterarte de una vez de que cuando te veo me dan náuseas. En serio me dan. No es una frase en sentido figurado como decir por ejemplo “estoy podrida de verte”. Cuando uno dice "estoy podrido de verte" no es que se esté descomponiendo y huela mal, es simplemente una manera de decir que está cansado. Pero cuando digo que verte me provoca nauseas es literal, o sea te veo y ¡puaj!. Hay una relación directa, una conexión real entre mi nervio óptico y mi devolución de alimentos y esa conexión se activa cuando ingresás en mi campo visual. Y ojo, no pasa solamente cuando te veo en persona. Si te veo en una foto o te veo por ejemplo reflejado en el agua, ahí nomás vomito. Como esa vez que dimos ese paseo en bote en el Parque Sarmiento. Vos me decías todo el tiempo “mirame a los ojos Pati, por qué no me mirás cuando te hablo”. Y yo no te miraba porque habíamos almorzado pollo al horno en lo de tu mamá y me parecía un desperdicio devolverlo. Y mirando el agua, mi mente perdida en pensamientos desolados, de golpe te vi, ahí detrás de mi propio reflejo, contemplándome con esos ojos vacíos, esa sonrisa torcida y despojada de toda luz y de toda inteligencia, esas orejas protuberantes, esa cara tuya tan... no sé... tan guácala. Y no pude contenerme: me incliné sobre la popa y chau pollo, chau papas, chau ensalada de tomate y cebolla, chau paseíto en bote, chau chau chau. Así que ahora ya sabés por qué vomité y por qué ando siempre vomitando. No fue, como te dije ese domingo, porque me había revuelto el estómago la marea. Date cuenta, imbécil, de que el laguito del Parque Sarmiento no tiene marea.
Bueno, volvamos a la noche esa en que me recitaste el poema frente a mi balcón. Cuando me asomé y te vi ahí en la vereda con tu traje alquilado y diciendo esos versos tan pero tan hediondos no me quedó otra que liberarlo a Rufi gritando ¡cache, Rufi, cache!. Es que no pensé, en ese momento no pensé. Me disculpo. En serio. Si me hubiera detenido un segundo a reflexionar por supuesto que no te habría tirado encima un rottweiler de 100 kilos. Y te juro que Rufi no es tan malo. Es que yo había estado fuera varios días y hacía un montón que el pobre no comía. Perdonalo, en serio. Los dos lamentamos mucho que hayas perdido los testículos y una fosa nasal. Si Rufi pudiera hablar diría algo así como “Perrrrdón Errnestou ruaf ruaf”. Por lo menos así me parece a mí que sonaría mi perro si hablara, y los dos ladridos después de la disculpa no serían como de agresividad, no, serían ladridos como de amor profundo y de gran arrepentimiento por haberte arrancado de un tarascón el 78 porciento de tus genitales. Y la fosa nasal, no nos olvidemos.
Pero a pesar de sufrir como si mi alma se viera corroída por la culpa, cuando te llevaron en la ambulancia me sentí aliviada. Ahora sí que no vuelve más, me dije. Probablemente se vaya del país, me dije. Hasta siempre, Ernesto, le suspiré a la fría noche.
Pero no. No te habías ido para siempre.

Cuando te dieron de alta, ocho meses después, apareciste de nuevo. Y esta vez tu falta total de sentido común alcanzó límites impensados, y te presentaste en mi trabajo. Entraste en la oficina con un ramo de flores, una caja de bombones Garoto y un discman con parlantitos de computadora reproduciendo a todo volumen Ámame en camara lenta. Ya sabés todo esto pero te lo pongo porque por ahí leyéndolo entrás en razón y entendés por qué te hice esa patada voladora. Fue demasiado. Entraste con Valeria Lynch de fondo, manchando todo con pétalos de no sé qué horrible flor y me diste la caja de bombones guiñándome un ojo. Pati, me dijiste, quiero hacerte mía y que nuestros cuerpos sudados se mezclen, se fundan en uno sólo y se enreden entre mis sábanas de Star Wars. Y yo grité, grité hasta quedarme sin voz y tomando envión volé unos 3 metros y te encajé el taco aguja en la única fosa nasal que te quedaba. Mis compañeros corrieron a ver qué pasaba cuando te oyeron gritar, pero por más fuerza que hicieron no les fue posible separar mi zapato de tu nariz, y al final necesitaste cirugía. Por suerte cuando te acomodaron la cara aprovecharon y te pusieron dos fosas nasales nuevas, y hasta te diría que estás más lindo que antes si no fuera por la mala praxis que sufriste y el... bueno... el pezón ese que te injertaron en el medio de la frente. ¿Se te pone duro cuando hace frío?. Perdón, perdón, no me contestes si no querés.
En fin, esas fueron las tres veces, y aunque me gustaría pensar que la tercera fue la última, ya no puedo estar segura. Ojalá no vuelvas, ojalá no regreses a probar de nuevo. Ojalá te alejes y encuentres en algún lugar de este planeta a alguien que sepa amarte sin ataduras. Pero si leés esto significa que volviste con algún nuevo plan, intentando de nuevo conquistar mi corazón, y que recibiste esta carta como sola respuesta. Si es así, entonces también encontraste como anexo de estas líneas una orden de restricción. No vuelvas, porque tengo guardias en casa. Y francotiradores, y además de Rufi tengo un dogo y dos rottweilers más.

No vuelvas, Ernesto, no vuelvas.