París.

martes, 7 de julio de 2009 |

La felicidad, no sé por qué no me di cuenta antes, está hecha de momentos sueltos y en general fugaces, y sólo se puede explicar con ejemplos. Un beso arrebatado, una estantería en perfecto estado que encontrás en la basura, un libro mientras afuera llueve, o ese momento exacto en el que miles de turistas empiezan a gritar y a aplaudir y vos, por estar debajo de la Torre, no te das cuenta de que le han encendido las luces y entonces corrés y te tirás en el césped de Champ de Mars y te quedás un poco sin aire, un poco sin aire unos cuantos segundos mirando la Torre Eiffel iluminada y decís la puta madre mirá donde estoy, frente a la Torre Eiffel, estoy. Lo inverosímil es que sorprende, a pesar del millón de fotos, documentales, Google Maps Street View, a pesar de todas las veces que ya la has visto en papel y en pantallas, estás ahí y te quedás un poco sin aire.
Y te quedás viéndola, te quedás viendo la Torre de arriba abajo y de nuevo arriba mientras el sol termina de irse y por fin refresca un poco, porque el calor de los tres primeros días de Julio ha sido cruel, y viendo la Torre lo único que te interrumpe es alguno de los quinientos mil vendedores de souvenirs o alguien que te pide la hora, o fuego, o direcciones a un hostel.
Cuando se te llenaron los ojos de Torre te vas, agarrás la avenida Eiffel y doblás en Bourdonnais hasta la boca del metro que parece incendiado del calor que hace, y está lleno de gente malhumorada y cansada y ves que muchos parisinos, se les nota en la cara, odian a los turistas, están hartos de que sólo sepas decir escusémuá y mercí, pero a vos qué carajo te va a importar, si volvés de ver la Torre Eiffel, si a la mañana lo visitaste a Julio y la noche anterior viste a Regina.

La ecuación de la felicidad es distinta para cada uno, y es distinta para uno mismo a lo largo de su vida, con lo cual es muy probable que los factores que componen la ecuación de la felicidad de alguien se den en otra persona, o se den en la persona correcta pero a destiempo. En mi caso ocurrió el milagro: la felicidad fue París, Regina Spektor, una sala de lo más bella que se llama Le Bataclan, el cementerio de Montparnasse y la tumba de Julio y comerme una manzana leyendo las notitas que la gente que lo visita le deja en pequeños papelitos de colores o en cartoncitos de cajas de cigarrillos desarmadas, notitas que dicen cosas como gracias Cronopio y la felicidad también fue el falafel que me comí en el Quai Saint-Michel después de caminar 12, 15 horas por todo París, y dentro de la felicidad hubo pequeñas sub-felicidades que por momentos me asustaron porque pensé tendría que cuidarme, tanta felicidad no puede ser sana, por ejemplo estás en el medio del concierto de Regina, ella acaba de terminar una canción y se seca con una toalla porque hace calor en Le Bataclan, y te distraés o estirás la pierna y de repente sentís cómo golpea, no toca, no, golpea las teclas de su piano con las primeras notas de Apres Moi, y decís si ahora no me da una embolia y sobrevivo va a pasar mucho tiempo hasta que vuelva a sentir algo tan fuerte, tan enormemente fantástico como esto, y sobrevivís y luego Regina toca Us, toca Flowers y todos en Le Bataclan tememos por nuestra salud mental al tiempo que, sin darnos cuenta, comenzamos a levitar un poquito, sólo un poquito, y nos olvidamos del calor y de las piernas hinchadas y doloridas de caminar todo el día y de haber llegado a la sala dos horas antes de que empiece el show, por las dudas, no vaya a ser cosa que después haya cola o te quedes atrás y no veas nada.
Y al otro día vas al Louvre que no empieza en el Louvre en sí sino en el metro, porque la estación de la línea 1 Louvre – Rivoli está hermosamente decorada con estatuas y demás. Luego entrás al museo y como querés verlo tranquilo lo primero que hay que hacer es ir, ver La Gioconda, sacarte las ganas y quedarte en paz para el resto de las salas. Así que seguís las indicaciones hasta la habitación donde está la Mona Lisa, y te decepcionás un poco de lo pequeño que es el cuadro, allá a lo lejos, ocupando el centro de una pared por lo demás vacía. Intentás mantener la calma y seguir la cola pero al final perdés la paciencia y te abrís paso a codazos pardón pardón escusemuá entre asiáticos que sacan mil fotos por minutos y señoras que se paran a charlar de cualquier cosa en el medio de la sala. Al final llegás frente al cuadro y otra vez te quedás un poco sin aire, porque a fin de cuentas, por más pequeño que sea, es el retrato de la Mona Lisa, y sus ojos te siguen y no sabés si sonríe o no, si está triste o se regocija en un secreto que sólo ella posee.
Seguís por otras salas, con la tranquilidad que tiene el que acaba de hacer pis, y vas viendo cuadros y más cuadros y luego esfinges y antigüedades griegas y más cuadros y cuando te querés dar cuenta te has pasado siete horas en el Louvre, y ni siquiera has visto todo, pero te vas igual porque estás levemente atemorizado por el hecho de que no sentís las piernas.
Salís a la pirámide del museo y metés los pies en la fuente, como hace todo el mundo silenciosamente agradeciendo que los guardias de seguridad y la policía no te digan que saqués las patas del agua.
Luego caminás y París es tan caro que no comés nada, ni un pancho ni un helado ni un crepe ni un panini ni nada, te quieren cobrar dos euros por medio litro de agua y te dan ganas de matarlos, así que merodeás por mil calles hasta encontrar un almacén donde te venden agua a precio decente, y por lo menos calmás la sed. Pero hay que moderarse, porque en la mayoría de los baños públicos te cobran cuarenta céntimos la visita al inodoro, cuarenta-céntimos-por-hacer-pis.
Vas a Notre Dame y a la Saint Chapelle y cuando no das más justo llegás a los jardines de Luxemburgo donde podés tirarte un rato a la sombra y sacar a Larsson de la mochila y leer, y Larsson en mi mochila fue otra porción importante en mi ecuación de la felicidad.
Cuando cae el sol te vas y es tu última noche en París y esa certeza te anuda los órganos y te desteñís un poco, pero apenas dura un microsegundo porque quién puede ser tan caradura de quejarse, quién, por favor.
Dormís hasta tarde y cuando por fin te levantás te despedís de tus efímeros compañeros de habitación del hostel, un australiano, un japonés y un canadiense.
El japonés se llama Mayama (o algo así) y es fotógrafo y la noche anterior te ha contado que lleva en su valija un montón de fotos que quiere mostrar en no sé qué exposición que hay en el sur de Francia, exposición, aclara Mayama, a la que no lo han invitado pero donde igual irá, de última mostrará sus fotos en la calle. Se ríe, Mayama, y encongiéndose de hombros te dice “I try, I do my best”. Un grande, Mayama, ojalá le vaya bien.
Te tomás el último metro de tu viaje y en Chatelet combinás con el tren que va al Aeropuerto Charles De Gaulle. El vuelo se atrasa 3 horas, horas que usás para ordenar tanta felicidad en tu cabeza, para seguir leyendo a Larsson y para dormitar un rato hasta que anuncian en francés que ya podés abordar.
Despegás.
Y te vas de París.

20 Comentarios:

cas dijo...

apres moi!!!! apres moi! que lindo que ud sea tan feliz tan feliz tan feliz. apres moi!! tan lindo, y julio y los papelitos, la hermosura.
y si, la felicidad te da embolia, eso es un hecho científico, pero de las embolias lindas.
y mayama un genio yo voya hacer lo mismo con mis fotos. la proxima le dice que exponemos juntos. saludos varela, y masajes faciales para esa contractura mandibular que viene frecuentemente con la felicidad. se merece, la contractura, por supuesto!

Anónimo dijo...

"siempre nos quedará París..."
"Es una cicatriz en el rostro de París"
"París es la ciudad de los amantes... del amor"
"¿Esto es París? Yo lo veo igual que Texas"
"París es para los enamorados, tal vez por esa razón sólo estuve allí 35 minutos"
...
Quizás sólo sirve de escenario a situaciones irrepetibles...

Anónimo dijo...

no! q lindoooo!!!

mucha envidia mandarin del carajo!

contame mas d regina! :)

lagorrr!

moderrunner dijo...

Iluminado...
-Sigues enchufado a la pata de la torre, si eh, bien. Qué bien.

luli dijo...

en otra oportunidad me hubiera puesto en ortiba -versión envidiosa- y lo mandaba a freir churros pero tanta felicidad es más juerte y contagiosa!


besos!

cangrejo00 dijo...

Muy bueno!!!!!!!!!!,hoy tooodos(eramos 11) frente a la compu escuchamos "PARIS" de la boca de tu papa, en un silencio absoluto...hasta el final....yo particularmente senti como que estaba alli...al finalizar... a una voz dijimos " muy bueno"!!!!! y en mi mente grite" ese es mi nene"un genio!!!!!!!!!!ni mas ,ni menos...."un GENIO".jajajaa.
PERDON!!!! SOY TU MAMA!!!!!y como ves las madres tenemos derecho a todo,incluso a meterme en tu blog.

máx dijo...

Wow!

Lucy in the Sky dijo...

Lucas me llevaste a París de nuevo y a las piezas de felicidad que tuve en enero del 92 cuando era más joven que vos ahora.
Te cito las frases que tenemos en común:
"te quedás un poco sin aire, un poco sin aire unos cuantos segundos mirando la Torre Eiffel iluminada y decís la puta madre mirá donde estoy, frente a la Torre Eiffel, estoy."
"stá lleno de gente malhumorada y cansada y ves que muchos parisinos, se les nota en la cara, odian a los turistas, están hartos de que sólo sepas decir escusémuá y mercí" (aunque lo mío en vez de calor agobiante fue un frío tremendo que me congeló la sonrisa en la cara al pisar ese suelo místico)
"legás frente al cuadro y otra vez te quedás un poco sin aire, porque a fin de cuentas, por más pequeño que sea, es el retrato de la Mona Lisa, y sus ojos te siguen y no sabés si sonríe o no, si está triste o se regocija en un secreto que sólo ella posee."
"cuando te querés dar cuenta te has pasado siete horas en el Louvre,"
"Luego caminás y París es tan caro que no comés nada" (¡ni una baguette!)
"Vas a Notre Dame"
Y cuando me fui de París, tanto no sufrí porque me esperaba la tierra que tanto quería visitar: England.

Me encantó el viaje al pasado y me alegra que seas feliz.
Besotes

Agustín dijo...

jajaj, "y te sentís levemente atemorizado porque no sentís las piernas".
Quiero conocer a Mayama.
chau puteta.

Barí dijo...

chinito pero qué lindo viaje chinito chinito!
yo recien llegada y con ganas de enterarme de todo de boca tusha!
besos de miles

cas dijo...

pss ud haga de cuenta que soy adicta a algo y estoy enpermanente rehabilitación y abandono, rehabilitación y abandono.
vovlí, un ratito, no se, soy una veleta y el viento sopla fuerte.
ya me da verguenza mire, pero le dije que le avisaba.
permiso.

Lucas Varela dijo...

a mí me parece que usted está con abstinencia de bloggismo, pero no insistiré.
vuelva cuando quiera, pero ni se le ocurra avergonzarse, luciérnaga, eso sí que no. un abrazo.

starshyyne dijo...

i have more regina spektor on my ipod.
i like it.
and i miss you.

Jesús Moguel dijo...

que bonita experiencia, felicidades!, me gustó el comentario de tu mamá, hasta quise visitar su blog, pero creo no tiene, muchos saludos a ella y a ti!.

sliding siendo sentimental dijo...

*secandome las lágrimas*

un merecido snif para mi compañero Chino.

realmente es felicidad, viste? y en verano.... snif.

yo me dormí en el Louvre, así que lo del dolor de piernas es así.

sentí muchísima emoción leyendo este post Chino, realmente es todo magia en París, y ya era hora que lo vivieras.

ahora: te odio por Regina!!!!!!! jaajaj

abrazos.

sliding siendo sentimental dijo...

[b]

SNIFFFFG nuevamente!!!

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ese es con mocos. es la paranoia de la gripe A.

Anónimo dijo...

q linda manera de contarnos que fue de vos por esos dias en París..
gracias lucas por llevar, aunque sea por un instante a tus lectores con vos al que ya sabemos que fue un genial viaje..

q alegria por ti muchacho
abrazo!
facu

Gaby dijo...

OH LALÁ!!!!

fulano/martínvillarroel dijo...

Viste alguna cigüeña?

Donnie dijo...

Tremendo post. Tremendo. Posiblemente, uno de los mejores que he tenido oportunidad de leer en este blog. Casi casi se me escapa un lagrimón, lo juro. Y NO-TENÉS-IDEA lo que cuesta conmoverme...

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