Se burlan de Gary porque su computadora es lenta.
—Ey, Gary, tu compu es de lo más lenta que viene —le dicen.
—Ey, Gary, ¿qué le das de comer al hámster? —le preguntan codeándose, porque sus compañeros de trabajo dicen que dentro del CPU de Gary no hay memoria RAM ni cables ni discos duros, etcétera; dicen que hay un hámster corriendo en una ruedita de esas que se le ponen a los hámsters en las jaulas para que corran, porque si largás a un hámster para que corra libremente se te escapa y no lo ves más y si no corre se pone gordo muy gordo y muere de obesidad cuando le explota el corazón por toda la grasa que acumuló; entonces lo que se hace es poner una ruedita en la jaula del hámster así corre un montón pero está siempre en el mismo lugar entonces no se te escapa pero tampoco se te muere de sobrepeso pero bueno de todas formas en el CPU de Gary no hay un hámster, hay cables y discos duros y memoria RAM pero es tan-tan-tan-lenta la compu de Gary que sus compañeros se burlan diciendo que hay un hámster corriendo en una ruedita y que eso la hace funcionar y entonces le preguntan «ey Gary ¿qué le das de comer al hámster?».
—Ya no bromeen, muchachos —les ruega Gary todo cabizbajo y con un nudo en la garganta que quiere decir que en un rato tendrá que irse al baño a llorar.
Pobre, pobre Gary. El problema es que cuando en septiembre del año pasado tocó hacer el upgrade, que es una palabra del inglés que en nuestra empresa significa cambiar las computadoras actuales por unas nuevas más potentes o sea con más RAM y con más ROM y con nuevos Windows y nuevos antivirus y teclados más ergonómicos y mouses láser o con diez botones, etcétera; en septiembre, decíamos, cuando tocó el upgrade, decíamos, Dimitri, que es el jefe de Informática, decíamos, dijo que por culpa de la crisis había que hacer recorte de presupuesto entonces se iban a cambiar todas las máquinas menos una y dijo que se iba a hacer un sorteo:
—Todos vamos a poner nuestros nombres y apellidos en un papelito y lo hacemos un bollito y lo ponemos en mi sombrero y después sacamos un papel y el que salga elegido se queda con la compu que tiene y no hace nada de upgrade.
Bueno en fin, sacaron un papelito y Dimitri, con visible alivio, gritó «¡Gary, Gary se queda con la compu que tiene!» y después todos festejaron con champagne y cantaron y en el medio de un silencio Veronika, que es la recepcionista, gritó «¡ey, Gary, por lo menos no te separás del hámster que corre en la ruedita que hay dentro de tu CPU!» y todos estallaron en risas menos Gary que se largó a llorar y huyó corriendo al baño.
Hoy, un año después, toca de nuevo. Hoy bajará Dimitri y volveremos a sortear porque como sigue la crisis sigue el recorte y como sigue el recorte no se pueden actualizar todas las computadoras entonces seguro que Dimitri va a sortear de nuevo para ver quién se queda con la misma computadora y no hace nada de upgrade.
Ahí viene Dimitri. Bajando.
—Bueno, muchachos, silencio por favor. Acabo de hablar con Contabilidad y me dicen que este año se repite el recorte así que hay uno que se queda sin actualizar su computadora.
—Perdón que interrumpa, señor Dimitri —titubea Gary, su mano en alto, —pero me parece que yo debería quedar exento del sorteo puesto que el año anterior no actualicé mi computadora y ahora todos muy adecuada e inspiradamente se burlan de mí afirmando por ejemplo que en lugar de circuitos y plaquetas lo que hay en el interior de mi CPU es un hámster corriendo en una ruedita...
—¡Ey, Gary,con qué alimentás al hámster! —grita Amunich de Ventas. Todos ríen.
—Entonces —prosigue Gary—, creo que este año me corresponde el upgrade sí o sí, sobre todo teniendo en cuenta que mi computadora tarda una hora veinte en iniciarse con lo cual hace un año que tengo que entrar a las ocho a trabajar para poder arrancar nueve y veinte como todo el mundo. ¿No le parece justo lo que propongo, Dimitri? Mire bien en el fondo de su alma y dígame si no le parece que merezco tener una compu nueva.
—Eh... sí, eso sería lo justo, Gary. El problema es que el sorteo ya se realizó, lo hicieron los muchachos de Contabilidad.
—Pero qué tienen que ver los de Contabilidad, si las computadoras son nuestras, señor Dimitri.
—Quizás me expresé mal, Gary, lo que quise decir es que ya se decidió en Contabilidad… no hubo ningún sorteo, simplemente dijeron «¡el tiempo es dinero, nada de sorteos. La persona que se quedó con su computadora el año pasado se quedará con su computadora este año!». Yo te defendí, Gary, yo les dije «pero señores Contables tengan en cuenta que la compu de Gary tarda una hora veinte en arrancar y tiene que venir a las ocho para arrancar nueve y veinte y además su compu es tan lenta que con los muchachos sospechamos que en lugar de procesador y placas de sonido y video y esas cosas lo que hay es un hámster girando en una ruedita», lo cual debo decir que les causó mucha gracia pero no los persuadió porque dijeron «Si aguantó un año con el hámster es que ya está acostumbrado, y una computadora moderna lo confundirá y reducirá su eficiencia; además, si dejamos sin actualizar el hardware a un empleado que venga acostumbrado a una computadora de última generación, el shock de este hipotético empleado será duro e innecesario, y tendremos dos empleados con shock en lugar sólo uno». Ya ves, Gary, no podemos hacer nada, vas a tener que seguir con tu HP.
—¿HP? Pero si mi computadora no es una Hewlett Packard.
—No —replica Dimitri, conteniendo la risa, —tu computadora es una Hamster Power.
Todos en la oficina nos reímos y señalamos a Gary. Amunich grita «¡capotón a Gary!» (un capotón consiste en rodear a Gary y pegarle) y Ghett de Asistencia al Cliente propone «¡y después puentecito chino!» (Un puentecito chino es, básicamente, ponernos en fila hombro contra hombro y que Gary tenga que pasar frente a nosotros y todos le vamos pegando). Las dos ideas se ejecutan sucesivamente ahí mismo, mientras llegan las nuevas computadoras para el personal y entonces el puentecito de patadas que atraviesa Gary se disuelve y todos vamos a ver qué tal están las nuevas máquinas.
Rompiendo envoltorios, vaciando escritorios y desenredando cables nos olvidamos de Gary, que cae al piso y respira con dificultad.
Gary, inadvertidamente, agoniza.
Los puentecitos chinos no son cosa de niños, y menos los de la oficina. Ghett usa botas muy duras y con punta reforzada. Amunich tiene tachuelas en sus zapatos que apuntan en todas direcciones, y además, en el último puentecito, decidió que patear no alcanzaba y le pegó a Gary en la cabeza con su pisapapeles. Dimitri vio todo pero en lugar de frenarlos, demandarles disciplina o aunque sea apagar y prender las luces, lo que hizo fue gritar «¡Los genitales, muchachos, golpéenlo en sus genitales!».Gary tose una constelación de gotitas rojas sobre el piso. Un poco más allá hay un fax mal impreso que ha caído fuera del tacho. Se estira para agarrar la hoja y se enjuga los labios con ella. Agita un brazo para ver si alguno de los muchachos lo ve y viene ayudarlo. Nadie le presta atención. Este año son con pantalla plana y los mouse no tienen cable.
—Mirá, Dimitri, son inabláricos —gritá, Doang Tsu, de Papeleo.
—Inalámbricos, se dice, imbécil —se burla Amunich, y todos se ríen. Dang Tsu, sonrojado y notablemente humillado, titubea:
—Ehm, sí… ríanse, pero… pero… ¡Gary tiene un hámster en su CPU!
—¡Sí! ¡¿Qué le das de comer al hámster, Gary?!
—¡Tu compu es de lo más lenta, es como si anduviera gracias a que un hámster corre en una ruedita dentro del CPU!
—¡Hamster!
Cómo nos reímos, ahora, burlándonos de nuevo de Gary.
—¡Capotón otra vez!— propone Sobisch de Dirección. Todos nos mostramos de acuerdo.
Vamos gritando y chocando los cinco hasta tropezar con Gary, que está en posición fetal.
Gary, pálido y tieso y los ojos sin parpadeos y el pelo mojado pegado a la frente y un hilito color bordeaux saliendo de su boca a un charco color bordeaux que crece y donde flota un bollito de papel de un fax mal impreso.
Decidimos terminar por esta tarde. Ya armaremos las compus mañana. Hay que llamar a la familia de Gary. Dimitri se ofrece. Barremos un poco, apagamos todo y salimos. Yo voy último, como siempre, porque soy el Encargado de Cerrar. Estoy por hacerlo cuando escucho un ronroneo, un zumbido. Un sonido suave pero constante, metálico, un sonido ahogado, cansado.
«Qué le das de comer al hámster», murmuro, y salgo.
—Ey, Gary, ¿qué le das de comer al hámster? —le preguntan codeándose, porque sus compañeros de trabajo dicen que dentro del CPU de Gary no hay memoria RAM ni cables ni discos duros, etcétera; dicen que hay un hámster corriendo en una ruedita de esas que se le ponen a los hámsters en las jaulas para que corran, porque si largás a un hámster para que corra libremente se te escapa y no lo ves más y si no corre se pone gordo muy gordo y muere de obesidad cuando le explota el corazón por toda la grasa que acumuló; entonces lo que se hace es poner una ruedita en la jaula del hámster así corre un montón pero está siempre en el mismo lugar entonces no se te escapa pero tampoco se te muere de sobrepeso pero bueno de todas formas en el CPU de Gary no hay un hámster, hay cables y discos duros y memoria RAM pero es tan-tan-tan-lenta la compu de Gary que sus compañeros se burlan diciendo que hay un hámster corriendo en una ruedita y que eso la hace funcionar y entonces le preguntan «ey Gary ¿qué le das de comer al hámster?».
—Ya no bromeen, muchachos —les ruega Gary todo cabizbajo y con un nudo en la garganta que quiere decir que en un rato tendrá que irse al baño a llorar.
Pobre, pobre Gary. El problema es que cuando en septiembre del año pasado tocó hacer el upgrade, que es una palabra del inglés que en nuestra empresa significa cambiar las computadoras actuales por unas nuevas más potentes o sea con más RAM y con más ROM y con nuevos Windows y nuevos antivirus y teclados más ergonómicos y mouses láser o con diez botones, etcétera; en septiembre, decíamos, cuando tocó el upgrade, decíamos, Dimitri, que es el jefe de Informática, decíamos, dijo que por culpa de la crisis había que hacer recorte de presupuesto entonces se iban a cambiar todas las máquinas menos una y dijo que se iba a hacer un sorteo:
—Todos vamos a poner nuestros nombres y apellidos en un papelito y lo hacemos un bollito y lo ponemos en mi sombrero y después sacamos un papel y el que salga elegido se queda con la compu que tiene y no hace nada de upgrade.
Bueno en fin, sacaron un papelito y Dimitri, con visible alivio, gritó «¡Gary, Gary se queda con la compu que tiene!» y después todos festejaron con champagne y cantaron y en el medio de un silencio Veronika, que es la recepcionista, gritó «¡ey, Gary, por lo menos no te separás del hámster que corre en la ruedita que hay dentro de tu CPU!» y todos estallaron en risas menos Gary que se largó a llorar y huyó corriendo al baño.
Hoy, un año después, toca de nuevo. Hoy bajará Dimitri y volveremos a sortear porque como sigue la crisis sigue el recorte y como sigue el recorte no se pueden actualizar todas las computadoras entonces seguro que Dimitri va a sortear de nuevo para ver quién se queda con la misma computadora y no hace nada de upgrade.
Ahí viene Dimitri. Bajando.
—Bueno, muchachos, silencio por favor. Acabo de hablar con Contabilidad y me dicen que este año se repite el recorte así que hay uno que se queda sin actualizar su computadora.
—Perdón que interrumpa, señor Dimitri —titubea Gary, su mano en alto, —pero me parece que yo debería quedar exento del sorteo puesto que el año anterior no actualicé mi computadora y ahora todos muy adecuada e inspiradamente se burlan de mí afirmando por ejemplo que en lugar de circuitos y plaquetas lo que hay en el interior de mi CPU es un hámster corriendo en una ruedita...
—¡Ey, Gary,con qué alimentás al hámster! —grita Amunich de Ventas. Todos ríen.
—Entonces —prosigue Gary—, creo que este año me corresponde el upgrade sí o sí, sobre todo teniendo en cuenta que mi computadora tarda una hora veinte en iniciarse con lo cual hace un año que tengo que entrar a las ocho a trabajar para poder arrancar nueve y veinte como todo el mundo. ¿No le parece justo lo que propongo, Dimitri? Mire bien en el fondo de su alma y dígame si no le parece que merezco tener una compu nueva.
—Eh... sí, eso sería lo justo, Gary. El problema es que el sorteo ya se realizó, lo hicieron los muchachos de Contabilidad.
—Pero qué tienen que ver los de Contabilidad, si las computadoras son nuestras, señor Dimitri.
—Quizás me expresé mal, Gary, lo que quise decir es que ya se decidió en Contabilidad… no hubo ningún sorteo, simplemente dijeron «¡el tiempo es dinero, nada de sorteos. La persona que se quedó con su computadora el año pasado se quedará con su computadora este año!». Yo te defendí, Gary, yo les dije «pero señores Contables tengan en cuenta que la compu de Gary tarda una hora veinte en arrancar y tiene que venir a las ocho para arrancar nueve y veinte y además su compu es tan lenta que con los muchachos sospechamos que en lugar de procesador y placas de sonido y video y esas cosas lo que hay es un hámster girando en una ruedita», lo cual debo decir que les causó mucha gracia pero no los persuadió porque dijeron «Si aguantó un año con el hámster es que ya está acostumbrado, y una computadora moderna lo confundirá y reducirá su eficiencia; además, si dejamos sin actualizar el hardware a un empleado que venga acostumbrado a una computadora de última generación, el shock de este hipotético empleado será duro e innecesario, y tendremos dos empleados con shock en lugar sólo uno». Ya ves, Gary, no podemos hacer nada, vas a tener que seguir con tu HP.
—¿HP? Pero si mi computadora no es una Hewlett Packard.
—No —replica Dimitri, conteniendo la risa, —tu computadora es una Hamster Power.
Todos en la oficina nos reímos y señalamos a Gary. Amunich grita «¡capotón a Gary!» (un capotón consiste en rodear a Gary y pegarle) y Ghett de Asistencia al Cliente propone «¡y después puentecito chino!» (Un puentecito chino es, básicamente, ponernos en fila hombro contra hombro y que Gary tenga que pasar frente a nosotros y todos le vamos pegando). Las dos ideas se ejecutan sucesivamente ahí mismo, mientras llegan las nuevas computadoras para el personal y entonces el puentecito de patadas que atraviesa Gary se disuelve y todos vamos a ver qué tal están las nuevas máquinas.
Rompiendo envoltorios, vaciando escritorios y desenredando cables nos olvidamos de Gary, que cae al piso y respira con dificultad.
Gary, inadvertidamente, agoniza.
Los puentecitos chinos no son cosa de niños, y menos los de la oficina. Ghett usa botas muy duras y con punta reforzada. Amunich tiene tachuelas en sus zapatos que apuntan en todas direcciones, y además, en el último puentecito, decidió que patear no alcanzaba y le pegó a Gary en la cabeza con su pisapapeles. Dimitri vio todo pero en lugar de frenarlos, demandarles disciplina o aunque sea apagar y prender las luces, lo que hizo fue gritar «¡Los genitales, muchachos, golpéenlo en sus genitales!».Gary tose una constelación de gotitas rojas sobre el piso. Un poco más allá hay un fax mal impreso que ha caído fuera del tacho. Se estira para agarrar la hoja y se enjuga los labios con ella. Agita un brazo para ver si alguno de los muchachos lo ve y viene ayudarlo. Nadie le presta atención. Este año son con pantalla plana y los mouse no tienen cable.
—Mirá, Dimitri, son inabláricos —gritá, Doang Tsu, de Papeleo.
—Inalámbricos, se dice, imbécil —se burla Amunich, y todos se ríen. Dang Tsu, sonrojado y notablemente humillado, titubea:
—Ehm, sí… ríanse, pero… pero… ¡Gary tiene un hámster en su CPU!
—¡Sí! ¡¿Qué le das de comer al hámster, Gary?!
—¡Tu compu es de lo más lenta, es como si anduviera gracias a que un hámster corre en una ruedita dentro del CPU!
—¡Hamster!
Cómo nos reímos, ahora, burlándonos de nuevo de Gary.
—¡Capotón otra vez!— propone Sobisch de Dirección. Todos nos mostramos de acuerdo.
Vamos gritando y chocando los cinco hasta tropezar con Gary, que está en posición fetal.
Gary, pálido y tieso y los ojos sin parpadeos y el pelo mojado pegado a la frente y un hilito color bordeaux saliendo de su boca a un charco color bordeaux que crece y donde flota un bollito de papel de un fax mal impreso.
Decidimos terminar por esta tarde. Ya armaremos las compus mañana. Hay que llamar a la familia de Gary. Dimitri se ofrece. Barremos un poco, apagamos todo y salimos. Yo voy último, como siempre, porque soy el Encargado de Cerrar. Estoy por hacerlo cuando escucho un ronroneo, un zumbido. Un sonido suave pero constante, metálico, un sonido ahogado, cansado.
«Qué le das de comer al hámster», murmuro, y salgo.
Firmado con el pie por: Lucas Varela
Etiquets Relatos.
Sobre cómo llegué al momento actual de estar escribiendo el libro que me hará tremendamente famoso cuando lo termine.
13 de noviembre de 2009 12 ComentariosComencé por imaginarme una infancia horrible: que mis padres practicaban todo tipo de violencia sobre mí, que mis perros afilaban sus dientes en mis rodillas, que nunca recibí, al caerse mi dentadura de leche, ningún tipo de recompensa en efectivo; que en la escuela todos esperaban mi llegada cada día para escupirme, inventarme apodos o dibujarme en el pizarrón exagerando mis defectos físicos.
Formé en mi mente una vida donde he sido portador de un sufrimiento apenas tolerable, del cual sólo he podido escapar durante las breves horas de sueño. Pasé días enteros con la mirada perdida en cualquier punto narrándome en susurros una falsa autobiografía repleta de trompadas en la nariz, desengaños amorosos, abusos a mi persona, mutilaciones, hambre, frío y enfermedades.
Sucede lo siguiente: siempre he querido ser un escritor pero no cualquier escritor sino un escritor consagrado y trascendental y citado en todas las enciclopedias y publicado en innumerables antologías. Sin embargo jamás pensé en esto como una posibilidad real hasta que vino a mi ciudad el crítico literario muy famoso y muy conocido por todos y muy prestigioso y bastante premiado Sir Le Clavo Cualquiera al Ángulo. El intelectual estaba de gira presentando su libro Los que no leen son inferiores a los que sí leen, obra donde plantea básicamente la superioridad de los que leen sobre los que no lo hacen. Decidí ir a verlo. Escuché con devoción su discurso. Cuando terminó me acerqué para que me firmara su libro y le pregunté tímidamente qué necesita uno si quiere convertirse en un escritor universal y ganar el Premio Nobel. Sir Le Clavo Cualquiera al Ángulo se quitó los lentes y limpiándolos con un pañuelo que sacó de su bolsillo me respondió:
—Los artistas, no solo escritores sino también pintores, escultores, fotógrafos o directores de cine y teatro, obtienen su inspiración de cualquier cosa. Por eso decimos que cualquiera es artista. Pero ojo al piojo, la capacidad de forjar una obra trascendental, que permanezca en la memoria de la gente mucho después de haberla leído y que se transmita de generación en generación, para escribir un libro de ese calibre es imprescindible haber sufrido, querido Patricio.
—Me llamo Lucas —corregí
—Y no hablo —agregó, —de males leves como el robo de una bici, una televisión sin control remoto, un intestino perezoso o bailar mal y que la gente se burle. Esos son pequeños, pequeñísimos tormentos inútiles si lo que se quiere es ser el autor de grandes obras como Crimen y Castigo o El Quijote o Moby Dick. Para escribir en ese nivel de perfección lo que se necesita es un número mínimo de tragedias vividas. La orfandad ayuda mucho, o ser testigo del atropellamiento y posterior muerte (en lo posible lenta) de nuestra mascota, por ejemplo un perro o un hámster. Pertenecer a una minoría social también sirve, como también sirve no tener control de esfínteres, o ver accidentalmente a nuestros abuelos en la ducha, o tener hipo durante varios meses seguidos, o tener un pezón en la frente, o tener coprolalia e involuntariamente gritar todo el tiempo “¡por favor que alguien defeque en mi rostro!”. Puede expandir su pena planteándose desafíos que están más allá de su superación, por ejemplo mudándose a la punta de un cerro si sufre usted de vértigo, liberando tarántulas en su casa si las arañas le provocan pánico y terror, etcétera. No sé si me entendés, Luciano.
Después el escritor me dio algunos ejemplos de figuras de la literatura clásica que han sufrido enormemente. Shakespeare, al parecer, soñaba cada noche que un gran hipopótamo bailaba tap sobre su cabeza, pesadilla que de tan recurrente terminó generándole una especie de hipopotafobia, terrible fobia para tener en su época ya que por entonces los hipopótamos circulaban por las calles de Londres; me contó también de Tolstoi y de su alergia a él mismo (es decir, a Tolstoi) alergia que lo mantenía estornudando permanentemente.
—Pocos lo saben —me comentó Sir Le Clavo, —pero el apellido de la protagonista de su más popular novela, Anna Karénina, no es otra cosa que la onomatopeya del sonido que hacía el escritor ruso al estornudar, como se verá en la siguiente dramatización:
Aquella conversación con el profesor significó una revolución en mi manera de ver las cosas, un replanteamiento de mis prioridades y al mismo tiempo la fijación de un nuevo objetivo, una nueva meta a alcanzar en esta larga, larguísima maratón que nunca pedí correr y que otros llaman vida: buscar sistemáticamente la experimentación del dolor en todas sus formas, tamaños, esencias, presentaciones, tamaños y formas.
Tal es así que apenas el sol del día siguiente estuvo alto en el cielo me puse en marcha. Compré zapatillas tres números por debajo de mi talla y salí a correr. Al regresar me quité el calzado y me di martillazos en los dedos hinchados. Fui al zoológico y sin que los guardias me vieran abracé a los puercoespines. Apreté limones cortados contra mis globos oculares. Vomite mirando el techo. Introduje hisopos hasta sentir que se hundían en mi cerebro. Establecí mi dieta diaria a base de mi propia orina, sal y orégano, y antes de dormir hice buches con soda cáustica. Días después quité el orégano de mi dieta.
Luego procuré atravesar diversos tormentos de carácter psicológico, mucho más importantes éstos que aquellos de carácter físico. No fue difícil abstenerme del sexo, de hecho llevaba sin practicarlo varios años cuando sucedió el Gran Cambio de Vida. Una situación similar se presenta en mi historial romántico, pues no he conocido el amor en ninguna de sus formas, exceptuando quizás el cariño inocente hacia un canario senil que, para engrandecer mi suplicio, asfixié con una bolsa del súper.
Durante toda una tarde llamé a mis familiares, amigos, conocidos y demás y les proferí a gritos los más grotescos improperios, y extendí su alcance a las madres y abuelas de los blasfemados.
Prolongué este dificultoso viaje a lo más hondo de la miseria humana por espacio de cinco años. Hasta hoy. Después de un tiempo de llevar un blog como terreno de pruebas, siento que estoy listo. Mi pelo ha crecido por debajo de mis hombros, y mi barba frondosa oculta en su interior restos de comida y una pequeña colonia de insectos. He perdido peso. Mi cara está chupada. En todas mis facciones se adivina el cráneo al que mi piel se adhiere como un mantel mojado a una mesa. Mis uñas larguísimas están amarillas. Camino encorvado y arrastrando los pies. Toso constantemente.
–Sí –me digo, –estoy listo para escribir.
Aquí estoy.
Envuelto en la tenue luz de mi lámpara insuficiente y abrigado por una manta raída llena de polvo al que soy alérgico.
Aquí, observando fijamente mi máquina oxidada con una hoja en blanco que aguarda, firme, la genialidad de mis letras.
Con dedos temblorosos, he pulsado:
Formé en mi mente una vida donde he sido portador de un sufrimiento apenas tolerable, del cual sólo he podido escapar durante las breves horas de sueño. Pasé días enteros con la mirada perdida en cualquier punto narrándome en susurros una falsa autobiografía repleta de trompadas en la nariz, desengaños amorosos, abusos a mi persona, mutilaciones, hambre, frío y enfermedades.
Sucede lo siguiente: siempre he querido ser un escritor pero no cualquier escritor sino un escritor consagrado y trascendental y citado en todas las enciclopedias y publicado en innumerables antologías. Sin embargo jamás pensé en esto como una posibilidad real hasta que vino a mi ciudad el crítico literario muy famoso y muy conocido por todos y muy prestigioso y bastante premiado Sir Le Clavo Cualquiera al Ángulo. El intelectual estaba de gira presentando su libro Los que no leen son inferiores a los que sí leen, obra donde plantea básicamente la superioridad de los que leen sobre los que no lo hacen. Decidí ir a verlo. Escuché con devoción su discurso. Cuando terminó me acerqué para que me firmara su libro y le pregunté tímidamente qué necesita uno si quiere convertirse en un escritor universal y ganar el Premio Nobel. Sir Le Clavo Cualquiera al Ángulo se quitó los lentes y limpiándolos con un pañuelo que sacó de su bolsillo me respondió:
—Los artistas, no solo escritores sino también pintores, escultores, fotógrafos o directores de cine y teatro, obtienen su inspiración de cualquier cosa. Por eso decimos que cualquiera es artista. Pero ojo al piojo, la capacidad de forjar una obra trascendental, que permanezca en la memoria de la gente mucho después de haberla leído y que se transmita de generación en generación, para escribir un libro de ese calibre es imprescindible haber sufrido, querido Patricio.
—Me llamo Lucas —corregí
—Y no hablo —agregó, —de males leves como el robo de una bici, una televisión sin control remoto, un intestino perezoso o bailar mal y que la gente se burle. Esos son pequeños, pequeñísimos tormentos inútiles si lo que se quiere es ser el autor de grandes obras como Crimen y Castigo o El Quijote o Moby Dick. Para escribir en ese nivel de perfección lo que se necesita es un número mínimo de tragedias vividas. La orfandad ayuda mucho, o ser testigo del atropellamiento y posterior muerte (en lo posible lenta) de nuestra mascota, por ejemplo un perro o un hámster. Pertenecer a una minoría social también sirve, como también sirve no tener control de esfínteres, o ver accidentalmente a nuestros abuelos en la ducha, o tener hipo durante varios meses seguidos, o tener un pezón en la frente, o tener coprolalia e involuntariamente gritar todo el tiempo “¡por favor que alguien defeque en mi rostro!”. Puede expandir su pena planteándose desafíos que están más allá de su superación, por ejemplo mudándose a la punta de un cerro si sufre usted de vértigo, liberando tarántulas en su casa si las arañas le provocan pánico y terror, etcétera. No sé si me entendés, Luciano.
Después el escritor me dio algunos ejemplos de figuras de la literatura clásica que han sufrido enormemente. Shakespeare, al parecer, soñaba cada noche que un gran hipopótamo bailaba tap sobre su cabeza, pesadilla que de tan recurrente terminó generándole una especie de hipopotafobia, terrible fobia para tener en su época ya que por entonces los hipopótamos circulaban por las calles de Londres; me contó también de Tolstoi y de su alergia a él mismo (es decir, a Tolstoi) alergia que lo mantenía estornudando permanentemente.
—Pocos lo saben —me comentó Sir Le Clavo, —pero el apellido de la protagonista de su más popular novela, Anna Karénina, no es otra cosa que la onomatopeya del sonido que hacía el escritor ruso al estornudar, como se verá en la siguiente dramatización:
(Aquí, Sir Le Clavo Cualquiera al Ángulo interpretó de forma sencilla a ambos personajes, Tolstoi y Petrovski)Sir Le Clavo me habló también de Charles Dickens. Yo lo ignoraba, pero al parecer el autor de Oliver Twist fue hijo de padres boxeadores que practicaban en el rostro del pequeño Charles sus izquierdas, sus ganchos y sus uppercuts. Jack London escuchaba voces, Kafka se creía tucán y Truman Capote era adicto al edulcorante Chucker. Por último, mencionó a Mark Twain, lo ocurrido cuando le diagnosticaron un extrañísimo mal y le recetaron por error dos supositorios por día durante casi quince años, al cabo de los cuales los doctores descubrieron su equivocación y le comunicaron con infinitas disculpas que un sólo supositorio habría bastado.
TOLSTOI: Como le decía, señor Petrovski, creo que mi próxima obra tratará sobre la guerra y la paz. Aún no tengo decidido el título, pero creo que la llamaré “El colibrí no ha venido esta mañana”, claramente una metáfora del horror, del innecesario odio y... y... ¡KARÉNINA!
PETROVSKI: Salud, señor Tolstói. ¿Necesita usted un pañuelo?
TOLSTOI: No, gracias, señor Petrovski.
Aquella conversación con el profesor significó una revolución en mi manera de ver las cosas, un replanteamiento de mis prioridades y al mismo tiempo la fijación de un nuevo objetivo, una nueva meta a alcanzar en esta larga, larguísima maratón que nunca pedí correr y que otros llaman vida: buscar sistemáticamente la experimentación del dolor en todas sus formas, tamaños, esencias, presentaciones, tamaños y formas.
Tal es así que apenas el sol del día siguiente estuvo alto en el cielo me puse en marcha. Compré zapatillas tres números por debajo de mi talla y salí a correr. Al regresar me quité el calzado y me di martillazos en los dedos hinchados. Fui al zoológico y sin que los guardias me vieran abracé a los puercoespines. Apreté limones cortados contra mis globos oculares. Vomite mirando el techo. Introduje hisopos hasta sentir que se hundían en mi cerebro. Establecí mi dieta diaria a base de mi propia orina, sal y orégano, y antes de dormir hice buches con soda cáustica. Días después quité el orégano de mi dieta.
Luego procuré atravesar diversos tormentos de carácter psicológico, mucho más importantes éstos que aquellos de carácter físico. No fue difícil abstenerme del sexo, de hecho llevaba sin practicarlo varios años cuando sucedió el Gran Cambio de Vida. Una situación similar se presenta en mi historial romántico, pues no he conocido el amor en ninguna de sus formas, exceptuando quizás el cariño inocente hacia un canario senil que, para engrandecer mi suplicio, asfixié con una bolsa del súper.
Durante toda una tarde llamé a mis familiares, amigos, conocidos y demás y les proferí a gritos los más grotescos improperios, y extendí su alcance a las madres y abuelas de los blasfemados.
—Hola, ¿Johnny? Sí, mirá, te llamaba para decirte que, en mi opinión, das tremendamente ocote en todo lo que hacés. Son mentiras que éramos mejores amigos y son mentiras que somos hermanos de sangre y son mentiras que me gusta como tocás la guitarra. Para decirlo en una palara, todio, Johnny.De esta manera logré que mi soledad fuera completa. Ahora podría pasarme horas y horas encerrado en mi habitación lamentando los afectos perdidos e intentando canalizarlos en una obra de lo más maestra.
—Hola, ¿abuela? Sí, mirá, te llamaba para decirte que todas esas veces que fui a tu casa a comer pastelitos de dulce de batata y cuando me preguntabas ¿están ricos querido? yo te decía sí, nona, están buenísimos, bueno cada vez que dije eso eran mentiras. ¿Tas ahí todavía, abuela? Bueno, escuchá otra cosa. Son hediondos los pastelitos. La masa, hedionda. El almíbar, hediondo. ¿El dulce de batata? ¡La hediondicidad hecha comida!
—Hola, ¿ma? Mirá, te odio.
—¿Pa? Qué hacés. Yo bien bien, acá, tirando. Escuchame, te cargo el asco una banda.
Prolongué este dificultoso viaje a lo más hondo de la miseria humana por espacio de cinco años. Hasta hoy. Después de un tiempo de llevar un blog como terreno de pruebas, siento que estoy listo. Mi pelo ha crecido por debajo de mis hombros, y mi barba frondosa oculta en su interior restos de comida y una pequeña colonia de insectos. He perdido peso. Mi cara está chupada. En todas mis facciones se adivina el cráneo al que mi piel se adhiere como un mantel mojado a una mesa. Mis uñas larguísimas están amarillas. Camino encorvado y arrastrando los pies. Toso constantemente.
–Sí –me digo, –estoy listo para escribir.
Aquí estoy.
Envuelto en la tenue luz de mi lámpara insuficiente y abrigado por una manta raída llena de polvo al que soy alérgico.
Aquí, observando fijamente mi máquina oxidada con una hoja en blanco que aguarda, firme, la genialidad de mis letras.
Con dedos temblorosos, he pulsado:
La mejor obra del mundo.
Por Lucas Varela.
Por Lucas Varela.
Coloco otra hoja.
Y escribo hasta el amanecer.
Firmado con el pie por: Lucas Varela
Etiquets De la vida y otras cosas espantosas.
Y ahora, una composición que hice en quinto grado sobre mis mascotas. Elegí ese tema porque era vamos a decir el menos peor, porque la seño de quinto grado no era una buena seño. Gritaba, te echaba si hablabas y si te sentabas en la primera fila te llegaban sus gotitas de saliva mientras te explicaba ecuaciones o la Revolución Industrial.
Si le interesa leer en un orden cronológico mis excelentes producciones escolares, puede comenzar por mi composición de tercer grado, y luego por la de cuarto.
Mire seño la verdad es que no quise escribir sobre lo que quiero ser cuando sea grande porque no sé qué significa esa pregunta porque por ejemplo un bombero para mí es un hombre que trabaja de bombero pero no es un hombre que es un bombero y lo mismo se aplica a los dentistas y malabaristas y karatecas y policías y a todas las profesiones incluyendo por ejemplo la suya que trabaja de seño pero no es seño aunque sí sea una señorita.
Tampoco quise escribir sobre el momento más feliz de mi vida porque prefiero guardármelo y si lo escribo y usted lo lee seguro que va a decir “ay qué ternura lo que escribiste Lucas” y después en la sala de maestros se lo va a mostrar al resto de las seños y les dirá “ay seños no saben lo que escribió un alumno mío” y las maestras le pedirán que les haga una copia que se llevarán a sus casas y compartirán con sus familias y amigos y entre ellos habrá quizás un editor de diarios o un señor que imprime libros y por ahí me publican en algún diario o libro y todo el mundo leerá el momento más feliz de mi vida y no quiero porque prefiero que sea algo que sólo yo sé, bueno yo y otra persona más.
Así que por descarte que es una forma de elección un poco triste pero bueno por descarte elegí escribir sobre las mascotas que he tenido, porque de los tres temas que nos dio qué quiero ser cuando sea grande es una pregunta que se la contesto en un renglón: quiero ser una persona más o menos buena pero no buenuda que son las personas tan buenas que vienen otras personas y se aprovechan de ellos; además el momento más feliz de mi vida no se lo voy a contar, así que ahora relataré un poco la historia de mis mascotas.
Cuando estaba en primer grado me regalaron un canario muy bonito y de color naranja así que agarré y le puse Naranjín, porque desde ese entonces ya yo no tenía mucha imaginación y le ponía nombres a las cosas de acuerdo a sus características más evidentes por ejemplo a la tele le puse Cuadradotti y cuando la encendía le decía a ver a ver Cuadradotti qué sacás hoy de tus rayos catódicos; al potus que había en la galería le puse señor Plantoski y lo saludaba a la mañana cómo le va señor Plantoski en qué anda usted esta mañana, ¿fotosintetizando un poco?; y a la pileta que teníamos en el patio le puse Pileta o sea que se dará cuenta de que imaginación lo que se dice imaginación no tenía pero nada de nada. Bueno Naranjín murió de viejo a los dos meses del día que me lo regalaron. Yo estaba sacudiendo su jaula y haciéndole muecas y gritándole ¡eh qué pasa Naranjín por qué no cantas! y él de golpe gritó como con pánico y se agarró el pecho con un alita y se murió de viejo, eso me dijo mi mamá.
Después otra mascota que tuve fue una tortuga que primero le puse Tortug pero mi mamá me dijo che Lucas no querés pensar un poco más el nombre y yo le dije ¿qué te parece “Tortu”? y ella me dijo hermoso pero pensá un poco más y yo le dije ¿“Tortugg” con dos ges? y ella me dijo dale pensá más y yo dije ¡ya sé, Gertrudis! y mi mamá sonrió y me felicitó y se fue a leer su diccionario Inglés-Español.
Gertrudis estuvo con nosotros un par de años pero después se ve que se hartó porque cavó un pozo por debajo de la pared del patio y desapareció en el baldío del lado y nunca más la vimos. Dondequiera que estés, Getru, te extraño mucho. Perdoname por dibujarte el caparazón.
Estuve sin mascota unos meses hasta que me regalaron un nuevo canario al que le puse Canarini y que murió de viejo la semana siguiente mientras jugaba conmigo a las luchitas en la pelopincho.
Después me compré un gato que se llamó primero Gatori y mi mamá lo cambió a Katori diciendo que sonaba como japonés y era un poquito más creativo y a mi me gustó. Katori nunca me dejó acariciarlo, era bastante arisco así que yo no lo quería mucho y le decía Ariskatori mezclando su nombre con su principal característica sin ninguna imaginación.
Katori murió atropellado por el E1 y lo que quedó de él lo enterramos en el baldío del lado. Yo no lloré, y mientras mamá leía unas palabras en honor al gato yo caminaba entre los yuyos susurrando ¡Gertrudis ¿estás ahí?! pero Gertrudis no estaba.
Al poquito tiempo fuimos con mi mamá a una perrera y rescatamos un perro que ya tenía nombre, se llamaba Ozzy y mi mamá le preguntó a la mujer de la perrera si era porque el antiguo dueño era fanático de Black Sabath y la mujer de la perrera le dijo que no y que el antiguo dueño de Ozzy era un fanático de Los Pimpinela pero le había puesto Ozzy porque sonaba a osi o sea de osito y Ozzy parecía un oso entonces el dueño le había puesto Ozzy o sea que el anterior dueño tenía todavía menos imaginación que el nuevo dueño o sea yo.
Ozzy sigue hasta hoy a mi lado. En este momento me está desatando los cordones con los dientes porque quiere salir a la plaza y eso hace Ozzy cuando quiere salir.
Por suerte hasta ahora no ha cavado un pozo y huido ni ha sido atropellado por el E1 que es el colectivo que pasa por mi casa y asesina mascotas. Sabe dar la patita, Ozzy, y sentarse, y si le decís ¡Ozzy, muerto! se tira al suelo todo despatarrado y saca la lengua como si hubiera fallecido y yo rápido le digo que se pare porque me da mucha impresión porque por supuesto no quiero que se muera, quiero que siga viviendo muchos años y que cuando muera se muera de viejo como le pasó a mis canarios Naranjín y Canarini.
Si le interesa leer en un orden cronológico mis excelentes producciones escolares, puede comenzar por mi composición de tercer grado, y luego por la de cuarto.
Mire seño la verdad es que no quise escribir sobre lo que quiero ser cuando sea grande porque no sé qué significa esa pregunta porque por ejemplo un bombero para mí es un hombre que trabaja de bombero pero no es un hombre que es un bombero y lo mismo se aplica a los dentistas y malabaristas y karatecas y policías y a todas las profesiones incluyendo por ejemplo la suya que trabaja de seño pero no es seño aunque sí sea una señorita.
Tampoco quise escribir sobre el momento más feliz de mi vida porque prefiero guardármelo y si lo escribo y usted lo lee seguro que va a decir “ay qué ternura lo que escribiste Lucas” y después en la sala de maestros se lo va a mostrar al resto de las seños y les dirá “ay seños no saben lo que escribió un alumno mío” y las maestras le pedirán que les haga una copia que se llevarán a sus casas y compartirán con sus familias y amigos y entre ellos habrá quizás un editor de diarios o un señor que imprime libros y por ahí me publican en algún diario o libro y todo el mundo leerá el momento más feliz de mi vida y no quiero porque prefiero que sea algo que sólo yo sé, bueno yo y otra persona más.
Así que por descarte que es una forma de elección un poco triste pero bueno por descarte elegí escribir sobre las mascotas que he tenido, porque de los tres temas que nos dio qué quiero ser cuando sea grande es una pregunta que se la contesto en un renglón: quiero ser una persona más o menos buena pero no buenuda que son las personas tan buenas que vienen otras personas y se aprovechan de ellos; además el momento más feliz de mi vida no se lo voy a contar, así que ahora relataré un poco la historia de mis mascotas.
Cuando estaba en primer grado me regalaron un canario muy bonito y de color naranja así que agarré y le puse Naranjín, porque desde ese entonces ya yo no tenía mucha imaginación y le ponía nombres a las cosas de acuerdo a sus características más evidentes por ejemplo a la tele le puse Cuadradotti y cuando la encendía le decía a ver a ver Cuadradotti qué sacás hoy de tus rayos catódicos; al potus que había en la galería le puse señor Plantoski y lo saludaba a la mañana cómo le va señor Plantoski en qué anda usted esta mañana, ¿fotosintetizando un poco?; y a la pileta que teníamos en el patio le puse Pileta o sea que se dará cuenta de que imaginación lo que se dice imaginación no tenía pero nada de nada. Bueno Naranjín murió de viejo a los dos meses del día que me lo regalaron. Yo estaba sacudiendo su jaula y haciéndole muecas y gritándole ¡eh qué pasa Naranjín por qué no cantas! y él de golpe gritó como con pánico y se agarró el pecho con un alita y se murió de viejo, eso me dijo mi mamá.
Después otra mascota que tuve fue una tortuga que primero le puse Tortug pero mi mamá me dijo che Lucas no querés pensar un poco más el nombre y yo le dije ¿qué te parece “Tortu”? y ella me dijo hermoso pero pensá un poco más y yo le dije ¿“Tortugg” con dos ges? y ella me dijo dale pensá más y yo dije ¡ya sé, Gertrudis! y mi mamá sonrió y me felicitó y se fue a leer su diccionario Inglés-Español.
Gertrudis estuvo con nosotros un par de años pero después se ve que se hartó porque cavó un pozo por debajo de la pared del patio y desapareció en el baldío del lado y nunca más la vimos. Dondequiera que estés, Getru, te extraño mucho. Perdoname por dibujarte el caparazón.
Estuve sin mascota unos meses hasta que me regalaron un nuevo canario al que le puse Canarini y que murió de viejo la semana siguiente mientras jugaba conmigo a las luchitas en la pelopincho.
Después me compré un gato que se llamó primero Gatori y mi mamá lo cambió a Katori diciendo que sonaba como japonés y era un poquito más creativo y a mi me gustó. Katori nunca me dejó acariciarlo, era bastante arisco así que yo no lo quería mucho y le decía Ariskatori mezclando su nombre con su principal característica sin ninguna imaginación.
Katori murió atropellado por el E1 y lo que quedó de él lo enterramos en el baldío del lado. Yo no lloré, y mientras mamá leía unas palabras en honor al gato yo caminaba entre los yuyos susurrando ¡Gertrudis ¿estás ahí?! pero Gertrudis no estaba.
Al poquito tiempo fuimos con mi mamá a una perrera y rescatamos un perro que ya tenía nombre, se llamaba Ozzy y mi mamá le preguntó a la mujer de la perrera si era porque el antiguo dueño era fanático de Black Sabath y la mujer de la perrera le dijo que no y que el antiguo dueño de Ozzy era un fanático de Los Pimpinela pero le había puesto Ozzy porque sonaba a osi o sea de osito y Ozzy parecía un oso entonces el dueño le había puesto Ozzy o sea que el anterior dueño tenía todavía menos imaginación que el nuevo dueño o sea yo.
Ozzy sigue hasta hoy a mi lado. En este momento me está desatando los cordones con los dientes porque quiere salir a la plaza y eso hace Ozzy cuando quiere salir.
Por suerte hasta ahora no ha cavado un pozo y huido ni ha sido atropellado por el E1 que es el colectivo que pasa por mi casa y asesina mascotas. Sabe dar la patita, Ozzy, y sentarse, y si le decís ¡Ozzy, muerto! se tira al suelo todo despatarrado y saca la lengua como si hubiera fallecido y yo rápido le digo que se pare porque me da mucha impresión porque por supuesto no quiero que se muera, quiero que siga viviendo muchos años y que cuando muera se muera de viejo como le pasó a mis canarios Naranjín y Canarini.
Firmado con el pie por: Lucas Varela
Etiquets De la vida y otras cosas espantosas., Relatos.
Entre la persona común y nosotros hay un abismo de intelectualidad, sabiduría, conocimiento y, sobre todo, de horas frente a la pantalla grande, frente a las grandes obras del cine. La persona común se contenta con cintas de Jackie Chan o Steven Seagal, y por eso no tiene nada que hacer aquí, donde el cine que vemos es el bueno.
Directores como Ingmar Bergman, como Jean-Luc Godard o como Gelmut Gelmut son las mentes que adoramos, esos magos del celuloide que fotograma a fotograma se han ganado nuestra admiración y nuestro respeto. En cambio, usted-persona-común no ha nacido con la capacidad de disfrutar este tipo de obras, y por eso ahora debe irse. Para el resto, bienvenidos a una nueva edición de Cine para pocos.
EL LADRÓN DE BICICLETAS.
(Il appropiatore dellas biccicletas che no son di él, Italia, 1934, Apta para todo público, 111 minutos)
Dirección: Victorio D. Sica.
Victorio D. Sica debutó como director en la gran pantalla con la historia de Carlos "Dame-la-bici-o-te-quemo" Forissi, aquel famoso ladrón de bicicletas de Barrio Las Palmas, en Florencia. Sin duda un innovador en el arte de tomar lo ajeno, Forissi fue el creador de frases que se usan incluso hoy durante los asaltos y robos a mano armada: "dame la bicicleta antes de que te desaparezca de un trompadón", "sacate las zapatillas mientras me das la bicicleta" o "dame la bicicleta así no se mancha con la sangre que te va a salir del hueco que te va a dejar el balazo que te voy a meter si no me das ya la bicicleta". Jamfri Bogart impresiona en el papel de Forissi con una impecable interpretación que le significó en 1935 el Gorrión de Niquel al mejor actor.
TRANSFORMADORES
(Transformers , Jujuy / Tierra del Fuego / Chile / Alsacia, 1989, Apta para mayores de 16 años, 84 minutos)
Dirección: Guntag Ñoñosky.
Visceral y comlpejo, arriesgado y soberbio, musical y melancólico, plomero y hedonista, cultural y pozoñoso, rumipal y gomito, lululfo y farandago, Guntag Ñoñosky logra superarse a sí mismo en una cinta cargada de simbolismo. Transformadores es la historia de un grupo de robots extraterrestres que al llegar a la tierra se camuflan convirtíendose en automóviles. Es Timothy Finn, un adolescente de los suburbios, quien entra en contacto con los visitantes, y quien pronto descubre que no todo es lo que parece.
Con esta poderosa imagen Ñoñosky nos habla de la amistad, la soledad, el destino, el honor, los sueños, los desengaños, el sentido de la vida, el amor, el formol, el franfún, la papola y el toguerfio.
LA EXPLICACIÓN DEL UNIVERSO, DE DONDE VENIMOS, QUÉ ES LA NADA, PARA QUÉ EXISTIMOS Y QUÉ FUE PRIMERO, EL HUEVO O LA GALLINA (EL HUEVO).
(Universovich razonatt, venim brasti, nadav bolska, razonatt existich und primanka da huev der da gallinovich (huev), Lituania / Letonia / Lotenia / Lotonia /Lituonio / Lotinio, 1962, Apta para todo público, 356 minutos.)
Dirección: Lalo Freiremann.
Lalo Freiremann dirige esta obra capital en la historia del cine y la filosofía. Dicen algunos que la cinta es tan transgresora, visceral y reveladora que al verla Francis Ford Coppola lloró, Gus Van Sant se desmayó, David Lynch tuvo una hemorragia nasal, Martin Scorcesse se hizo caca y la cabeza de Kevin Costner explotó.
Producida por Polan Romansky y rodada en una cadena de pequeños estados ex soviéticos, la película explica, en casi 360 minutos, el universo, la nada, la razón de nuestra existencia y demuestra sin lugar a refutaciones que el huevo fue anterior a la gallina.
Actualmente Freiremann se encuentra en Lotinio rodando una secuela que se titulará Vida en otros planetas, quién hizo las pirámides y los dibujos de Nazca, y si existe o no existe Dios (no existe), traducción aproximada del original Vidanka unaltr mundiski, factevich piramidoskas und factovich Nazca pintins, und existi Dioskavonovich und der noska existi (noska existi)
Directores como Ingmar Bergman, como Jean-Luc Godard o como Gelmut Gelmut son las mentes que adoramos, esos magos del celuloide que fotograma a fotograma se han ganado nuestra admiración y nuestro respeto. En cambio, usted-persona-común no ha nacido con la capacidad de disfrutar este tipo de obras, y por eso ahora debe irse. Para el resto, bienvenidos a una nueva edición de Cine para pocos.
EL LADRÓN DE BICICLETAS.
(Il appropiatore dellas biccicletas che no son di él, Italia, 1934, Apta para todo público, 111 minutos)
Dirección: Victorio D. Sica.
Victorio D. Sica debutó como director en la gran pantalla con la historia de Carlos "Dame-la-bici-o-te-quemo" Forissi, aquel famoso ladrón de bicicletas de Barrio Las Palmas, en Florencia. Sin duda un innovador en el arte de tomar lo ajeno, Forissi fue el creador de frases que se usan incluso hoy durante los asaltos y robos a mano armada: "dame la bicicleta antes de que te desaparezca de un trompadón", "sacate las zapatillas mientras me das la bicicleta" o "dame la bicicleta así no se mancha con la sangre que te va a salir del hueco que te va a dejar el balazo que te voy a meter si no me das ya la bicicleta". Jamfri Bogart impresiona en el papel de Forissi con una impecable interpretación que le significó en 1935 el Gorrión de Niquel al mejor actor.
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TRANSFORMADORES
(Transformers , Jujuy / Tierra del Fuego / Chile / Alsacia, 1989, Apta para mayores de 16 años, 84 minutos)
Dirección: Guntag Ñoñosky.
Visceral y comlpejo, arriesgado y soberbio, musical y melancólico, plomero y hedonista, cultural y pozoñoso, rumipal y gomito, lululfo y farandago, Guntag Ñoñosky logra superarse a sí mismo en una cinta cargada de simbolismo. Transformadores es la historia de un grupo de robots extraterrestres que al llegar a la tierra se camuflan convirtíendose en automóviles. Es Timothy Finn, un adolescente de los suburbios, quien entra en contacto con los visitantes, y quien pronto descubre que no todo es lo que parece.
Con esta poderosa imagen Ñoñosky nos habla de la amistad, la soledad, el destino, el honor, los sueños, los desengaños, el sentido de la vida, el amor, el formol, el franfún, la papola y el toguerfio.
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LA EXPLICACIÓN DEL UNIVERSO, DE DONDE VENIMOS, QUÉ ES LA NADA, PARA QUÉ EXISTIMOS Y QUÉ FUE PRIMERO, EL HUEVO O LA GALLINA (EL HUEVO).
(Universovich razonatt, venim brasti, nadav bolska, razonatt existich und primanka da huev der da gallinovich (huev), Lituania / Letonia / Lotenia / Lotonia /Lituonio / Lotinio, 1962, Apta para todo público, 356 minutos.)
Dirección: Lalo Freiremann.
Lalo Freiremann dirige esta obra capital en la historia del cine y la filosofía. Dicen algunos que la cinta es tan transgresora, visceral y reveladora que al verla Francis Ford Coppola lloró, Gus Van Sant se desmayó, David Lynch tuvo una hemorragia nasal, Martin Scorcesse se hizo caca y la cabeza de Kevin Costner explotó.
Producida por Polan Romansky y rodada en una cadena de pequeños estados ex soviéticos, la película explica, en casi 360 minutos, el universo, la nada, la razón de nuestra existencia y demuestra sin lugar a refutaciones que el huevo fue anterior a la gallina.
Actualmente Freiremann se encuentra en Lotinio rodando una secuela que se titulará Vida en otros planetas, quién hizo las pirámides y los dibujos de Nazca, y si existe o no existe Dios (no existe), traducción aproximada del original Vidanka unaltr mundiski, factevich piramidoskas und factovich Nazca pintins, und existi Dioskavonovich und der noska existi (noska existi)
Firmado con el pie por: Lucas Varela
Etiquets Cine para pocos.
La amistad es difícil de definir y a veces por no fijarnos bien vamos tranqui por la vida creyendo que tenemos muchos amigos y ante cualquier problema o emergencia toco madera que pudiéramos tener ahí estarán las amistades para socorrernos. Toco madera ¿que se te inundó la casa? no importa llamamos a los amigos toco madera ¿que necesitás que te donen un riñón? no importa llamamos a los amigos toco madera ¿que no llegás a fin de mes? ahi nomás amigos toco madera ¿que necesitás que vayan a buscarte a la cárcel? amigos.
Y después cuando de hecho toco madera te sucede alguna de estas cosas o alguna otra peor toco madera y descolgás y marcás el número de tu mejor amigo o amiga y le decís por ejemplo Pancho no sabés lo que me pasó se me rompió el inodoro y tengo la casa inundada resulta que a Pancho le encantaría ayudarte pero tiene un torneo de canasta o se va a visitar a su abuela o le salió un forúnculo que tiene que ir a hacerse ver o directamente ejecuta la famosa autointerferencia que consiste en decir ah disculpame no te escucho bien hay in-fuzz-ter-fiiiizt-gruss-fe-iiik-rencia.
Cuando Pancho corta la comunicación tras emitir él mismo un par de interferencias más dirás bueno qué importa quizás sobrestimé mi amistad con Pancho pero por suerte tengo un bonito montón de amigos que seguro vendrá a ayudarme a desinundar mi casa. Y llamás por ejemplo a tu amiga Brigitte y le decís che Brigitte disculpame que te llame a esta hora pero estaba en el baño haciendo lo segundo ¿no? y no sé qué pasó pero en un momento me vi sumergido hasta las rodillas en agua o sea se me rompió el inodoro y necesitaría una mano para desinundarlo no sé si se dice así desinundar pero bueno ¿te venís? ¿eh? ¿amiga?... ¿amiga entrañable? y cuánto te apuesto que Brigitte te va a salir con alguna excusa del tipo que tiene que estudiar porque se le vienen exámenes o tiene que pasear a su perro o visitar a su abuela o hacerse ver un forúnculo que le salió. Porque a final de cuentas la amistad es la materia con la que se construye el desengaño y muchas veces nos ocurre que conduciendo nuestro Peugeot Ingenuidad nos damos de frente contra la Pared de Las Cosas Como Son.
Por eso yo después de muchas inundaciones y no llegadas a fin de mes y transplantes de órganos y fines de semana en prisión después de descubrir que a todos mis amigos les salen forúnculos y que todos tienen abuelas a quienes visitan con frecuencia y todos estudian y a todos les falla el teléfono después de todo esto decidí sólo confiar en Friedrich. Porque Friedrich está ahí aunque no pueda desinundar el baño conmigo aunque no tenga dinero para prestarme o riñones que donar. Friedrich siempre me acompaña y me dice lo que él cree que debo hacer ante situaciones que jamás podría atravesar sin su semitransparente compañía y Friedrich me ayuda como puede. Y ese como puede no es muy amplio porque en su condición de amigo imaginario el pobre Friedrich poco puede hacer pero bueno por lo menos no finge interferencias cuando lo llamo por teléfono. De hecho las llamadas son gratuitas porque claro son imaginarias o sea yo descuelgo el teléfono y escucho el tono pero hago como si del otro lado estuviera Friedrich y al rato me olvido de que es todo de a mentirita y entonces tengo a alguien con quien conversar y con quien compartir mis miedos y mis pasiones y con quien comentar mis vicios y mis virtudes y con quien desarrollar mis teorías sobre el origen del universo y con quien jugar al ta-te-ti.
Si usted intenta ahora decirme que estoy loco o que estoy en déficit social o que tengo que estar con gente “real” o que tengo que superar mis “alucinaciones” dejeme preguntarle antes de que desperdicie valiosa saliva ¿usted se ha detenido a pensar alguna vez en lo que haría si durante el luego de evacuar materia materia fecal usted tirara la cadena y se le rebalsara el inodoro y nadie viniera a ayudarlo?. ¿Se ha puesto a pensar que de toda esa gente en su agenda muy pocos y quizás ninguno llamaría un taxi y se iría a su casa a quitar agua del baño?. Y ahora piense que si todos esos amigos suyos inventan forúnculos para no ayudarle con una simple inundación cuál sería su reacción si lo que usted en realidad necesitara fuera un trozo de hígado o una córnea. Y si todavía siente deseos de gritarme en la cara lo mal que hago en tener amigos imaginarios a esta edad sólo me resta decirle que espere pacientemente. Espere a que la edad o las malas cañerías toco madera lo lleven al umbral de la muerte o le cubran de agua las rodillas. Espere toco madera a que las deudas lo fuercen a pedir préstamos o que un ataque incontrolable de llanto toco madera lo encuentre solo y sin un hombro sobre el que derramar sus lágrimas. Espere toco madera a que la fuerza policial lo detenga por llevar bajo su flequillo un semblante de facciones que coinciden con la fisionomía de lo ilegal.
Espere y verá lo bien que viene tener amigos incondicionales como Friedrich que no podrán pagar una fianza pero bien que juegan al veo-veo acompañándonos en la celda y no podrán manipular una sopapa pero bien que silban canciones de marineros y no podrán darnos un pulmón pero bien que juegan al veo-veo con nosotros.
Espere toco madera y verá.
Y después cuando de hecho toco madera te sucede alguna de estas cosas o alguna otra peor toco madera y descolgás y marcás el número de tu mejor amigo o amiga y le decís por ejemplo Pancho no sabés lo que me pasó se me rompió el inodoro y tengo la casa inundada resulta que a Pancho le encantaría ayudarte pero tiene un torneo de canasta o se va a visitar a su abuela o le salió un forúnculo que tiene que ir a hacerse ver o directamente ejecuta la famosa autointerferencia que consiste en decir ah disculpame no te escucho bien hay in-fuzz-ter-fiiiizt-gruss-fe-iiik-rencia.
Cuando Pancho corta la comunicación tras emitir él mismo un par de interferencias más dirás bueno qué importa quizás sobrestimé mi amistad con Pancho pero por suerte tengo un bonito montón de amigos que seguro vendrá a ayudarme a desinundar mi casa. Y llamás por ejemplo a tu amiga Brigitte y le decís che Brigitte disculpame que te llame a esta hora pero estaba en el baño haciendo lo segundo ¿no? y no sé qué pasó pero en un momento me vi sumergido hasta las rodillas en agua o sea se me rompió el inodoro y necesitaría una mano para desinundarlo no sé si se dice así desinundar pero bueno ¿te venís? ¿eh? ¿amiga?... ¿amiga entrañable? y cuánto te apuesto que Brigitte te va a salir con alguna excusa del tipo que tiene que estudiar porque se le vienen exámenes o tiene que pasear a su perro o visitar a su abuela o hacerse ver un forúnculo que le salió. Porque a final de cuentas la amistad es la materia con la que se construye el desengaño y muchas veces nos ocurre que conduciendo nuestro Peugeot Ingenuidad nos damos de frente contra la Pared de Las Cosas Como Son.
Por eso yo después de muchas inundaciones y no llegadas a fin de mes y transplantes de órganos y fines de semana en prisión después de descubrir que a todos mis amigos les salen forúnculos y que todos tienen abuelas a quienes visitan con frecuencia y todos estudian y a todos les falla el teléfono después de todo esto decidí sólo confiar en Friedrich. Porque Friedrich está ahí aunque no pueda desinundar el baño conmigo aunque no tenga dinero para prestarme o riñones que donar. Friedrich siempre me acompaña y me dice lo que él cree que debo hacer ante situaciones que jamás podría atravesar sin su semitransparente compañía y Friedrich me ayuda como puede. Y ese como puede no es muy amplio porque en su condición de amigo imaginario el pobre Friedrich poco puede hacer pero bueno por lo menos no finge interferencias cuando lo llamo por teléfono. De hecho las llamadas son gratuitas porque claro son imaginarias o sea yo descuelgo el teléfono y escucho el tono pero hago como si del otro lado estuviera Friedrich y al rato me olvido de que es todo de a mentirita y entonces tengo a alguien con quien conversar y con quien compartir mis miedos y mis pasiones y con quien comentar mis vicios y mis virtudes y con quien desarrollar mis teorías sobre el origen del universo y con quien jugar al ta-te-ti.
Si usted intenta ahora decirme que estoy loco o que estoy en déficit social o que tengo que estar con gente “real” o que tengo que superar mis “alucinaciones” dejeme preguntarle antes de que desperdicie valiosa saliva ¿usted se ha detenido a pensar alguna vez en lo que haría si durante el luego de evacuar materia materia fecal usted tirara la cadena y se le rebalsara el inodoro y nadie viniera a ayudarlo?. ¿Se ha puesto a pensar que de toda esa gente en su agenda muy pocos y quizás ninguno llamaría un taxi y se iría a su casa a quitar agua del baño?. Y ahora piense que si todos esos amigos suyos inventan forúnculos para no ayudarle con una simple inundación cuál sería su reacción si lo que usted en realidad necesitara fuera un trozo de hígado o una córnea. Y si todavía siente deseos de gritarme en la cara lo mal que hago en tener amigos imaginarios a esta edad sólo me resta decirle que espere pacientemente. Espere a que la edad o las malas cañerías toco madera lo lleven al umbral de la muerte o le cubran de agua las rodillas. Espere toco madera a que las deudas lo fuercen a pedir préstamos o que un ataque incontrolable de llanto toco madera lo encuentre solo y sin un hombro sobre el que derramar sus lágrimas. Espere toco madera a que la fuerza policial lo detenga por llevar bajo su flequillo un semblante de facciones que coinciden con la fisionomía de lo ilegal.
Espere y verá lo bien que viene tener amigos incondicionales como Friedrich que no podrán pagar una fianza pero bien que juegan al veo-veo acompañándonos en la celda y no podrán manipular una sopapa pero bien que silban canciones de marineros y no podrán darnos un pulmón pero bien que juegan al veo-veo con nosotros.
Espere toco madera y verá.
Firmado con el pie por: Lucas Varela
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